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¿A qué llamamos innovación?

  • Opinión

La palabra “innovación” ha cobrado recientemente un protagonismo inusitado. Abusamos del concepto de innovación como solución mágica. Empresas, directivos y ejecutivos quieren que su organización sea innovadora, que dé ese algo que nadie se había imaginado antes y que conquistará el mundo; pero en muchas ocasiones no se establecen las fórmulas para que la inspiración genere innovación en nuestros negocios.

La fortaleza del negocio tradicional y establecido tiende de forma natural hacia la estabilidad, que en ocasiones puede terminar en inmovilismo. El reto que supone para la empresa ese balance entre estabilidad y cambio es la clave para valorar su cultura innovadora.  

Pero, ¿qué es realmente la "innovación" y cuáles son los aspectos característicos que distinguen a una organización innovadora? Hay muchas definiciones. Hay quien cree que la innovación consiste en un momento "eureka", una revelación súbita que lleva al desarrollo de algo nuevo. Pero no es tan sencillo. La innovación implica muchos más factores.

 

La innovación es imaginación y anticipación

No hay innovación sin imaginación. Porque la innovación es algo nuevo, que se adelanta a su momento. Puede tratarse de algo auténticamente revolucionario, pero en la mayoría de los casos la imaginación nos permite ver algo que será obvio en un futuro y diseñar y preparar al mercado para ello. Como ejemplo, la nueva tecnología RealSense, que cambiará la manera de interactuar con los PC y que dota, a ordenadores portátiles, tabletas y equipos convertibles, de visión 3D periférica para ser consciente del entorno y reconocer nuestros gestos, algo ya adelantado en la Ciencia Ficción.

 

La innovación es colaboración

Inmersos en una evolución cada vez más acelerada donde la innovación es una necesidad perentoria para sobrevivir; resulta especialmente difícil innovar exclusivamente desde dentro de las organizaciones, ya que muchas veces esta innovación cuestionará el modelo de negocio de la empresa, creando tensiones y resistencias. Por ello, es fundamental estar abierto a innovar con “otros” ya sean pequeños emprendedores, grandes empresas de otros sectores o socios y colaboradores. Las innovaciones del futuro surgirán fruto de relaciones de colaboración, en las que partners, y en algunos casos también con competidores, pueden salir beneficiadas.

 

La innovación exige una cultura que acepte el riesgo

Innovar exige arriesgarse, dar ese paso en el vacío que en ocasiones puede resultar en un no-éxito (que no fracaso). El manejo adecuado del riesgo entendido como adentrarse en terrenos inexplorados nos abre la puerta a dos únicas alternativas, adelantarme a mi competencia o aprender y asimilar conocimientos que me permitirán adelantarme en la siguiente iteración, no hay opción para una tercera. Nunca se pueden prever todas las variables de riesgo en una nueva tecnología o negocio, aunque por supuesto, se pueden minimizar con la adecuada planificación y la atención en áreas colaterales al negocio en sí. 

 

No hay innovación sin ejecución

Como comentaba al principio, a menudo, la innovación empieza con un sueño, una visión o una idea inspirada. Sin embargo, el mayor reto de todos es convertir este sueño en un producto o un servicio que funcionen en el mundo real. Sin la capacidad para convertir un concepto innovador en una propuesta concreta, seguirá siendo un simple sueño. Y para que eso suceda, deberemos hacer converger todos los aspectos de la innovación que hemos visto más arriba: riesgo, anticipación, colaboración y planificación.

 

Sobre el autor...

Jorge Lang

Innovation & Solutions Director en Intel