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Así es la nueva normativa de pagos PSD2

La actualización de la antigua PSD hace responsable del cargo de la tarjeta al consumidor en lugar de a la compañía. El objetivo principal es regular las compras en el mundo digital y aumentar la seguridad en los pagos online.

Hasta la fecha, cuando se realizaba una compra por internet, el banco enviaba un sms al cliente con un código para confirmar el pedido. Ahora serán necesarios más datos para comprobar la identidad del cliente, como la confirmación mediante el móvil o el DNI, una contraseña/PIN o una identificación tipo reconocimiento facial, visual o huella digital. Y no, ya no será necesario introducir los datos de la tarjeta en cada compra.

Estas son las principales medidas que trae consigo la nueva normativa de pagos PSD2 (Payment Services Directive), aprobada por la Unión Europea en 2015, y en vigor en España y el resto de países europeos desde el pasado 14 de septiembre. Una actualización de la antigua PSD que ya no hace responsable del cargo de la tarjeta a la compañía, sino al consumidor.

El objetivo principal es el de profundizar en la regulación de las compras y la gestión del dinero en el mundo digital. También se busca aumentar la seguridad de los pagos digitales. Por ejemplo, a partir de ahora se prohíben los recargos sobre pagos realizados con tarjetas de crédito, tanto en tiendas físicas como online, y también se reduce la responsabilidad del consumidor en situaciones de uso fraudulento, siendo la cantidad máxima que tendrán que asumir 50€, frente a los 150€ actuales.

La normativa igualmente cambiará la forma de acceder al banco, pues se deberá implementar el doble sistema de verificación SCA (Strong Customer Authentication). Es decir, si antes solo era necesario contar con el documento de identidad y la clave de acceso, con la nueva normativa será obligatorio introducir un código de confirmación que se recibirá vía SMS para acceder al banco.

Por último, ha desaparecido la pasarela de pago de las compras web. Se podrá mercar sin abandonar la página, lo que supone una menor visibilidad de empresas como Visa o Mastercard durante el pago. El proceso entre tienda y banco se vuelve así mucho más directo, y revela la importancia que están adquiriendo en distintos sectores financieros las APIS (Application Program Interface).

Los bancos tendrán, pues, que dar acceso a terceras empresas que no tienen por qué ser las creadoras de las tarjetas, de modo que entrarán en el mercado financiero dos nuevos tipos de compañías: las PISP (Payment Initiation Service Provider), que son los intermediarios entre bancos y comercios, y las AISP (Account Information Service Provider), que ordenarán todos los datos en una plataforma. Según se explicó en Bruselas, esto busca homogeneizar las condiciones en las que operan los proveedores de servicios de pago.

Aún en periodo de ajustes, la puesta en marcha y el funcionamiento de esta nueva normativa en los diferentes países europeos podría sufrir algunos cambios de aquí a finales de 2020 debido a los planes de migración acordados entre las autoridades bancarias y los principales actores involucrados en cada país, y la Autoridad Bancaria Europea (ABE).