Acepto

COOKIES

Esta web utiliza cookies técnicas, de personalización y de análisis, propias y de terceros, para anónimamente facilitarle la navegación y analizar estadísticas del uso de la web. Obtener más información

Premio Nobel de Economía 2018: las TIC impactan en el crecimiento económico

  • Opinión

Premio Nobel

Ya era hora. Las empresas tecnológicas de todos los sectores y segmentos del mercado llevan años diciendo que, gracias a el uso intensivo, por ejemplo, de las tecnologías de la información por parte de las empresas, su productividad y su competitividad aumentan. Y todos lo hemos dado por supuesto, aunque solo sea porque un ordenador da mucho más de sí que una máquina de escribir (pertenezco a la generación de los que vivió el tránsito de la una a la otra, en 1988).

Sin embargo, tras 32 años trabajando para 732 empresas tecnológicas de todos los ámbitos del sector, he de decir, sin citar nombres que, las compañías, sean las TIC de toda la vida o las nuevas digitales o las TIC-Digitales, para que ninguna quede fuera, arriman el ascua a su sardina y, si hablan de las bondades -para la gran empresa, la pyme, el autónomo, el sector público- de las TIC, suelen ceñirse a “sus” tecnologías, lo cual es lógico, porque pretenden vender sus productos y servicios, pero es muy incompleto puesto que la tecnología de una empresa es solo una pieza de un puzle. Necesitamos, para sacar conclusiones generales que demuestren científica y empíricamente que las tecnologías de la información digitales 1) Ayudan de verdad a empresas e individuos; 2) Aumentan productividad y competitividad; 3) Contribuyen al PIB de manera decisiva. Asumo que esto es así porque el paraíso de las TIC, Estados Unidos, incorporó las TIC y la innovación tecnológica, al listado de componentes que contribuyen a la generación de riqueza económica del país (PIB) en agosto de 2013, revisando toda su serie histórica trimestral hasta 1939.

Nosotros hemos llevado a cabo docenas de ejercicios económicos empíricos que demuestran estas tesis mediante grandes estudios para empresas informáticas y de telecomunicaciones que, por petición expresa del editor de esta publicación, no citaré (las empresas), pero sí los libros en que dichos estudios científicos realizados por Advice Strategic Consultants aparecen reflejados: Éxito con o sin crisis; Recuperación Económica y Grandes Empresas; La Victoria de América: crónica de la recuperación económica gracias a las tecnologías de la información; Innovación y éxito empresarial; Digitalización y éxito empresarial; Digitalización, productividad y competividad: Empresas más exitosas gracias a la transformación digital. Es obvio que es un tema que siempre nos ha interesado y, por ese motivo, es una gran alegría que el Premio Nobel de Economía 2018 haya sido otorgado a un economista que tiene en cuenta las tecnologías de la información como elemento esencial para conseguir un crecimiento económico sostenido y sostenible: Paul M Romer, que fue economista jefe del Banco Mundial hasta 2016.

En realidad, el Premio Nobel de Economía 2018 fue otorgado este lunes a dos economistas estadounidenses - Paul M. Romer y William D. Nordhaus - por integrar dentro del análisis macroeconómico las consecuencias de las innovaciones tecnológicas y el cambio climático con el objetivo de alcanzar un crecimiento económico sostenible. En esta tribuna pongo atención en Romer, cuya obra conozco hace tiempo, a pesar de ser un autor poco prolífico en la publicación de libros y artículos. Además, confieso no estar de acuerdo con sus cambios de posturas y orientaciones e, incluso, las polémicas generadas por sus recomendaciones desde el Banco Mundial, que hizo públicas sin base argumental. Tampoco me gusta que critique ferozmente al resto de economistas que no son él: da igual que se trate de Keynes o de Hayek y Milton Friedman. A todos pone a caldo por “aplicar modelos matemáticos-estadísticos sin base real. De hecho, he sido testigo de la fuerte regresión en economía en los últimos treinta años”, afirmó en un polémico artículo hace dos años. Quizá, el recibir un galardón tan prestigioso como el Nobel de Economía y, por tanto, formar parte de lo que él denomina “Mainstream economists”, de manera despectiva, le haga cambiar de opinión, ya que, ahora, él es uno de ellos. Hace treinta años, en Estados Unidos, “iba de Marxista”, pero su padre era millonario.

Aportaciones de Romer

Romer puso las bases de lo que se conoce como “la teoría del crecimiento endógeno”, que ha generado gran cantidad de nuevas investigaciones en reglamentaciones y políticas que fomentan ideas nuevas y la prosperidad a largo plazo. Antes que él otro laureado, Robert Solow, estudió el impacto de las TIC en la empresa, demostrando con su modelo los aumentos de productividad empresarial. Su visión era la de que se trataba de factores exógenos los que generaban esa mejora. Romer pone énfasis en los factores endógenos, como, por ejemplo, el comportamiento y aportación del talento de las personas al usar las nuevas tecnologías de la información en la empresa. En cierto modo, coincide con Richard Thaler, premio nobel de economía 2017 por su teoría de la economía del comportamiento.

El crecimiento en este modelo es impulsado por el cambio tecnológico que surge de las decisiones de inversión intencional tomadas por los agentes que maximizan los beneficios. La característica distintiva de la tecnología como “input” es que no es un bien convencional ni un bien público. Las principales conclusiones son que el stock de capital humano determina la tasa de crecimiento, que se dedica muy poco capital humano a la investigación en equilibrio, que la integración en los mercados mundiales aumentará las tasas de crecimiento y que tener una gran población no es suficiente para generar crecimiento.

Como dije, Paul Romer es muy crítico con la evolución teórica de la macroeconomía, los economistas ortodoxos y específicamente con los economistas neoclásicos de las últimas décadas -post-realistas producto del neoliberalismo-. Considera que se hace un uso excesivo de la modelización matemática, que se ha demostrado inútil y peligrosa para el manejo de la economía real, constituyendo una posición puramente ideológica que es capaz de obviar y negar las causas de la Gran Recesión.

En junio de 2016 fue nombrado Economista Jefe y Vicepresidente Senior (Chief Economist and Senior Vice President) del Banco Mundial, por lo que dejó el puesto como profesor de economía en la Escuela de Negocios Stern (Stern School of Buseness) en la Universidad de Nueva York. Antes fue profesor de economía en la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford y miembro del Centro de Stanford para el Desarrollo Internacional, del Instituto de Stanford para la Investigación de Política Económica y de la Hoover Institution, así como becario del Centro para el Desarrollo Global. Romer es un pionero de la teoría del crecimiento endógeno.

Una de las líneas de investigación más importante de Romer es el crecimiento económico, tema que los economistas han estudiado extensamente entre las décadas de 1950 y 1960. El modelo de crecimiento Solow-Swan consideró el progreso tecnológico como aspecto más importante del aumento sostenido en la productividad por trabajador. La tesis de Romer, leída en 1983 y supervisada por José Scheinkman y Robert Lucas Jr., mostró representaciones matemáticas de modelos económicos en los que el cambio tecnológico es consecuencia de una acción promovida y coordinada tanto en el campo de la investigación como del desarrollo. Romer publicó dos artículos, en 1986 y 1990, en la Revista de Economía Política (Journal of Political Economy) que iniciaron las investigaciones en el campo de la teoría del crecimiento endógeno. Al plantear por primera vez los aumentos de la productividad por trabajador como el resultado de la acción intencionada de los agentes, a través de las actividades de investigación y desarrollo –perfeccionando así el concepto más inespecífico de progreso tecnológico desarrollado en el modelo de crecimiento de Solow y Swann–.

Romer: innovar para crecer

En el caso de Paul Romer, sus investigaciones han dilucidado cómo la acumulación de ideas y avances económicos sostienen el crecimiento económico a largo plazo, y ha demostrado, en concreto, como la economía influye en la disposición de las empresas para invertir en innovación. Los trabajos de Romer sentaron las bases de la teoría del crecimiento endógeno: Para Romer, hay que cambiar el modelo de crecimiento económico, no consistiría en hacer más de lo mismo sino en modificar, con ideas y los cambios tecnológicos que se requieran, la manera de hacer, sin poner en riesgo el planeta y nuestras vidas. En su documento más importante “Paul M. Romer, "Endogenous Technological Change," Journal of Political Economy 98, no. 5, Part 2 (Oct., 1990), afirma:

"El crecimiento económico ocurre cuando la gente aprovecha los recursos existentes reorganizándolos de manera que resultan más valiosos y productivos. Una metáfora útil para la producción en una economía viene de la cocina. Para crear productos finales más valiosos o valorados, mezclamos ingredientes baratos de acuerdo a una receta. La cocina que se puede hacer suele estar limitada por el suministro de ingredientes, y la mayoría de lo que se cocina con la economía está produciendo efectos secundarios indeseables. Si el crecimiento económico pudiera lograrse únicamente haciendo más y más del mismo tipo de plato, eventualmente nos quedaríamos sin materias primas y sufriríamos unos niveles inaceptables de contaminación y molestias. La historia nos enseña, sin embargo, que el crecimiento económico surge de la utilización de nuevas y mejores recetas, no sólo de cocinar más veces lo que ya hacemos o sabemos hacer. Las nuevas recetas generalmente producen menos efectos secundarios desagradables y generan un mayor valor económico por unidad de materia prima... Cada nueva generación va percibiendo los límites al crecimiento que los recursos finitos y los efectos secundarios indeseables representarían si no somos capaces de plantear nuevas ideas y nuevas recetas que en buena medida ya han sido descubiertas. Cada generación ha subestimado su potencial para encontrar nuevas vías de crecimiento económico que no reproduzcan los problemas tradicionales. No somos conscientes ni comprendemos cuántas ideas quedan aún por descubrir. Las posibilidades no se suman. Se multiplican”.

Bienvenido al mundo de los economistas “mainstream”, señor Romer, porque desde el lunes es usted uno de ellos y, sobre todo, felicidades por incorporar las TIC como elemento esencial del crecimiento económico.

Jorge Díaz Cardiel. Socio Director Advice Strategic Consultants