La realidad del mito del monopolio de las Big Tech

  • Opinión

FAANG

¿Las compañías Big Tech compiten o dominan el mercado, repartiéndoselo? Tanto en EEUU como en China se da una conjunción de factores que permitiría cualquier opinión. Otra cosa son los datos y su interpretación.

Tribuna de opinión de Jorge Díaz-Cardiel, socio director de Advice Strategic Consultants

Por ejemplo, Scott Galloway en “The Four” y Tepper Hearn en “The Myth of Capitalism” defienden que Apple, Alphabet (Google, You Tube), Facebook, Amazon y Microsoft dominan el mercado norteamericano de tecnologías de la información y digitalización. En China, de manera parecida, Kai-Fu Lee en “AI Superpowers” y Edward Tse en “China’s disruptors”, sostienen que Alibaba Group (Ant es el holding) y Tencent (WeChat, WeChat Pay, etc) dominan el mercado y se lo reparten.

Las autoridades, el legislador, el regulador, tanto en EEUU como en China, parecen estar de acuerdo con estos autores. China acaba de abrir expedientes “para el análisis de la competencia” a Tencent y a Ant (Alibaba), por entender que son un duopolio que, por un lado, compiten y, por otro, colaboran con la única finalidad de impedir la entrada de nuevos jugadores en el mercado y, por tanto, “fijar los precios”, habitualmente más elevados cuando hay poca competencia real.

Apple, Google, Facebook y Amazon tienen un problema similar a la de sus homólogos/competidores chinos. No se sabe si peor o mejor. En China no hay democracia y, lo que decida el partido será lo que digan tribunales y otras autoridades. Hemos visto cómo el Estado / Partido / Gobierno /Competencia chinos han parado en seco la OPV o salida a bolsa de Ant (que hubiera sido la más grande en volumen en un lustro, con una valoración de mercado de 32 billones de dólares). ¿Por qué se paró esa salida a bolsa de una empresa que, al final y al cabo, depende del estado chino? Hoy, ya lo sabemos y por fuentes oficiales chinas: el nuevo culto a la personalidad (concepto acuñado primero por el comunismo soviético entre 1924 y 1953 en torno a la figura de Stalin y seguido por Mao Zedong en China entre 1949 y 1978) del actual premier chino, Xi Jinping, hacía incompatible el protagonismo de un empresario chino de éxito con estudios en Estados Unidos (Jack Ma) y la figura del presidente, secretario general y jefe de las fuerzas armadas chinas, que quiere el protagonismo para él. Durante un mes, Jack Ma estuvo desaparecido y, cuando se le ha vuelto a ver, su aspecto físico es el mismo de siempre, pero su carácter es más tímido y retraído; prudente.

Estados Unidos es una democracia, la primera del mundo, desde 1783. El poder ejecutivo y el legislativo están en manos del partido demócrata, que se encuentra en un dilema difícil de resolver: “Big Tech” es el sector que más ha contribuido económicamente a la victoria electoral de los demócratas. Y no solo las empresas, sino sus empleados, que, en 2020, crearon un PAC (Political Action Comittee) con 3,5 millones de miembros, que recaudaron (mucho) dinero para financiar la campaña demócrata, en las elecciones del pasado 3 de noviembre. Y no olvidemos que, en 2016, cuando se enfrentaron Donald Trump y Hillary Clinton por la presidencia, 150 líderes empresariales de las compañías tecnológicas más importantes, apoyaron públicamente por carta a Hillary Clinton. Allí estaban demócratas como Tim Cook (Apple) y Jeff Bezos (Amazon), pero también, dos mujeres muy destacadas del sector TIC norteamericano que tienen mucho en común: Carly Fiorina y Meg Whitman: ambas, republicanas; ambas presidentas y CEO de la antigua Hewlett-Packard (hoy HP y HPE); las dos, candidatas conservadoras al poder legislativo de California (ambas perdieron); las dos, con larga trayectoria en el sector TIC: Fiorina en Lucent-Technologies y HP; y Whitman en Ebay y, tras su paso por HP, en Quibi.

Tres directivos TIC de máximo nivel se mantuvieron al margen del debate político en 2016 y 2020: Larry Ellison (Oracle), Peter Thiel (Paypal, Palantir) y Elon Musk (Tesla, SpaceX). En 2020, Tim Cook y Jeff Bezos no apoyaron a nadie, porque ambos, tras borrascosas relaciones con Donald Trump, acabaron haciéndose amigos y consejeros del expresidente.

Hace 4 décadas, Washington estaba lleno de lobistas de los sectores farmacéutico, tabaquero, aerolíneas, automóvil…; “éstos” son hoy nada y menos que nada, comparados con lo que se gastan en lobby las empresas tecnológicas en Washington. 3.500 abogados-lobistas trabajan para estas empresas. Es un factor que tener en cuenta a efectos de lo sucedido en octubre de 2020, cuando los líderes de las empresas TIC comparecieron ante Cámara de Representantes, Senado, FTC (Federal Trade Commission) y demás autoridades que velan por la libre competencia.

Mark Zuckerberg (Facebook), Sundar Pichai (Alphabet-Google), Satya Nadela (Microsoft), Tim Cook (Apple), Jeff Bezos (Amazon) y Jack Dorsey (Twitter) comparecieron durante días ante los organismos oficiales para defenderse de acusaciones tales como: abuso de posición dominante; impedir la libre competencia, vetando la entrada al mercado de pequeños y nuevos jugadores; violación de la privacidad de sus clientes, utilizando sus datos para hacer campañas de marketing y ofertas personalizadas; participación ilegal en las elecciones presidenciales de 2016 (Facebook, el escándalo de Cambridge Analytica) y competencia desleal con los medios de comunicación, entre otras muchas acusaciones. La última, la de la competencia desleal hacia los medios está de moda en todo el mundo: Francia le ha impuesto a Google ya varias sanciones billonarias, porque no paga a los editores franceses sus derechos de autor; Facebook, en Australia ha tenido el mismo problema, al que respondió con la suspensión de su servicio de noticias, movimiento que imitó Google. En cambio, Microsoft se posicionó de parte de los medios de comunicación -dijo Google- para promocionar su buscador, Bing.

Son solo algunos ejemplos. Que Amazon es líder en comercio electrónico, en e-commerce retail…, de todos es sabido. De hecho, tras liderar el comercio digital, ha saltado al retail físico, abriendo tiendas de casi todo lo que se puede vender: muebles, libros o alimentación fresca. Pero hay ámbitos donde los liderazgos dominantes dan miedo a la competencia y a los reguladores. Por ejemplo, en cloud computing y en Inteligencia Artificial, hay pocos jugadores dominantes: en cloud, Amazon, con Amazon Web Services (AWS), Google Cloud y Microsoft Azure. Competir con ellos es muy duro y difícil. Que se lo digan a IBM, a pesar de haber comprado Red Hat para precisamente esto: competir en cloud con los tres grandes. El resultado, aún, deja mucho que desear para IBM.

Otro campo es la publicidad online, para Facebook 95% de sus ingresos y para Google 85% de su facturación. Teniendo en cuenta el volumen de negocio de estas empresas, es fácilmente deducible que al resto de jugadores les quedan las migajas de la publicidad, incluidos los medios de comunicación. La inteligencia artificial la dominan Apple (Siri), Amazon (Alexa), Microsoft (Cortana), Salesforce (Einstein) e IBM (Watson). El resto de jugadores, como diría un es director de la CIA “son meros turistas”.

¿Y qué decir de la televisión en streaming? Jugadores hay muchos, pero solo tres se llevan la parte del león en número de suscriptores: por este orden, Netflix, Amazon Prime Video y Disney+. Detrás, están AppleTV+, HBO, Peacock y muchos más, casi irrelevantes. En algunos países hay empresas que actúan como agregadores de contenidos: es el caso de Movistar+ en España, que además de contenidos de otras plataformas digitales y los suyos propios, “aloja” a otras plataformas, como Netflix y Disney+.

A todas estas empresas les interesa, además, colaborar de manera que no parece intencionada, pero que es causal o correlativa: la demanda de iPhones de Apple, también está motivada por el deseo de los consumidores de utilizar el “search engine” de Google y su correo electrónico, Gmail, por no hablar de las redes sociales (Facebook, Twitter, Twitch, Tik Tok, Instagram…), por no hablar de los servicios de mensajería instantánea. Cuando Amazon provee de servicios baratos de cloud computing, esto se traduce en una mayor venta de aplicaciones de Apple’s App Store. Amazon es el principal anunciante de Google. Y Microsoft vende licencias de Android para su teléfono inteligente Surface Duo.

La realidad es que no hay una respuesta nítidamente clara a si las empresas tecnológicas compiten solamente, colaboran solamente o hacen ambas cosas, solamente. Si continuásemos con más ejemplos, como los de más arriba, llegaríamos a la conclusión de que hacen las tres cosas en abundancia. Y, ni legislador, ni regulador, ni autoridad de la competencia van a poder solucionar el problema, porque es extremadamente complejo. Si no lo hizo en épocas más fáciles, menos aún ahora.

Me estoy refiriendo a la ley antimonopolio Sherman de 1890, que hizo el legislador americano tras la segunda revolución industrial y la llamada “Guilded Age” del capitalismo norteamericano, cuando monopolios, duopolios y oligopolios eran lo habitual, fuera en el petróleo o en la fabricación de automóviles. Esa ley, que sigue vigente, no pudo romper a IBM en 1983, cuando dominaba la computación, ni a Microsoft entre los años 1992 y 2002, cuando la compañía de Bill Gates tenía absoluto dominio de los sistemas operativos (Windows) y, el motivo para “romperla” fue que al considerar Microsoft que su browser, Explorer, era una característica más del sistema operativo Windows y, por tanto, no se podía separar, la conclusión es que Explorer acababa embedded en todos los ordenadores de HP, Lenovo, Acer, Dell… y los competidores de Explorer, como Netscape y Altavista, acabaron por desaparecer con un “sayonara, baby” (=en japonés, “hasta luego, Lucas”).

De los 189 procesos legales antimonopolio abiertos en EEUU entre 1890 y 2020, utilizando la Ley Sherman, solo uno salió adelante en el sector de las Tecnologías de la Información. Se trató de AT&T, dividida por jueces y legisladores en las llamadas “Baby Bells”, siete compañías que cubrían un territorio geográfico. ¿Por qué salió adelante aquel proceso antitrust? Porque AT&T fue un monopolio estatal y en la época de Ronald Reagan aquello era anatema.

En estadística hay una norma no escrita que siempre se cumple: “el porcentaje mayor gana al porcentaje menor”. Dado el historial de éxito de los procesos antimonopolio contra empresas tecnológicas (un caso positivo, AT&T, versus 188 que quedaron en nada), no es descabellado pensar que, al menos en Estados Unidos, el status quo de las empresas tecnológicas se quede como está.

Jorge Díaz-Cardiel. Socio director general de Advice Strategic Consultants. Economista, Sociólogo, Abogado, Historiador, Filósofo y Periodista. Ha sido Director General de Ipsos Public Affairs, Socio Director General de Brodeur Worldwide y de Porter Novelli International; director de ventas y marketing de Intel Corporation y Director de Relaciones con Inversores de Shandwick Consultants. Autor de miles de artículos de economía y relaciones internacionales, ha publicado una veintena de libros, sobre economía, innovación, digitalización y éxito empresarial. Es Premio Economía 1991