La FEMP sitúa los datos en el centro de la transición energética municipal

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La Federación Española de Municipios y Provincias defiende la digitalización y la inteligencia aplicada a los datos como herramientas para optimizar el consumo energético, mejorar los servicios públicos y anticipar necesidades urbanas.

La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) ha destacado el valor de los datos y la digitalización para responder a los retos de la transición energética y avanzar hacia ciudades más eficientes, sostenibles y resilientes. Este planteamiento ha centrado la participación de la entidad en la inauguración del Smart Energy Congress, celebrado en IFEMA bajo el lema «Del dato a la decisión: la inteligencia como respuesta al gran reto energético».

Organizado por la Plataforma enerTIC.org, el congreso aborda la convergencia entre transición energética y transformación digital, con especial atención a la mejora de la gestión de los recursos y la optimización de los servicios públicos.

Jaime Carnicero, director general de Organización y Recursos de la FEMP, ha señalado que el desafío energético consiste en «gestionar mejor los recursos disponibles, optimizar el consumo, anticipar necesidades y tomar decisiones más rápidas y eficaces». Para conseguirlo, ha subrayado la necesidad de transformar «los datos en conocimiento y el conocimiento en acción».

En la inauguración han participado también Jesús Herrero, director general de Red.es, y José de la Uz, presidente de la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI) y alcalde de Las Rozas.

 

Los ayuntamientos, actores clave de la eficiencia energética

Los gobiernos locales ocupan una posición estratégica en la transición energética por su proximidad a la ciudadanía y por sus competencias sobre servicios e infraestructuras con un impacto directo en el consumo. Entre ellos figuran el alumbrado público, la movilidad y la gestión de las instalaciones urbanas.

Carnicero ha señalado que la transformación digital de las ciudades no consiste únicamente en incorporar tecnología, sino en utilizar la información para comprender mejor el funcionamiento de los servicios, asignar los recursos con mayor eficiencia y anticiparse a posibles incidencias.

«Debemos pasar de acumular datos a generar valor añadido a partir de ellos», ha afirmado. Este enfoque permite avanzar hacia modelos de gestión más proactivos, capaces de fundamentar las decisiones en información útil y de responder con mayor precisión a las necesidades de cada municipio.

 

Gobernanza del dato y colaboración entre sectores

La FEMP también ha resaltado la necesidad de establecer mecanismos de colaboración entre administraciones públicas, empresas, universidades, centros tecnológicos y organizaciones especializadas. La cooperación entre estos agentes resulta esencial para abordar la complejidad de la transición energética y aprovechar las posibilidades de la digitalización.

En este contexto, Carnicero ha reafirmado el compromiso de la federación con el desarrollo de capacidades en las entidades locales para que puedan aprovechar el potencial de los datos como herramienta de transformación y mejora de los servicios públicos.

Entre las iniciativas mencionadas figuran EDINT (Espacios de Datos para las Infraestructuras Urbanas Inteligentes) y la REOD (Red Española de Oficinas del Dato). Ambas se enmarcan en el trabajo de la FEMP en torno a la gobernanza del dato en las administraciones locales y al uso de información para diseñar políticas públicas mejor fundamentadas.

 

Una transición energética que combina tecnología e inteligencia colectiva

La intervención de la FEMP ha puesto de relieve que la inteligencia aplicada a la gestión energética va más allá de la tecnología y la inteligencia artificial. También requiere cooperación institucional, innovación e intercambio de conocimiento para transformar la información disponible en decisiones concretas.

Desde esta perspectiva, las ciudades y los gobiernos locales desempeñan un papel central en la construcción de un modelo energético sostenible, digital e inteligente, en el que la gestión eficiente de los recursos y la calidad de los servicios públicos se apoyen en datos fiables y en una mejor coordinación entre los distintos agentes.

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