¿Cómo puede la tecnología ayudar en el envejecimiento poblacional?

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La población envejece a pasos agigantados debido, fundamentalmente, a dos factores: la disminución de la tasa de natalidad con 7,6 nacimientos por cada 1.000 habitantes, y el aumento de la esperanza de vida a su máximo histórico con 83,2 años, pero con pronóstico de buena salud hasta los 63,2 años.

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El impacto que ello tiene en las arcas del Estado es atroz, especialmente en nuestro país cuyo sistema sanitario público tiene una media de gasto de 1.593 euros por habitante. Además, hay que sumarle la presión sobre las pensiones cuyo gasto es del 12% del PIB. Y es que, de media, los españoles abandonan el mercado laboral a los 64,6 años (un 66% más en los últimos cinco años). Asimismo, el 40% de las candidaturas de los mayores de 55 años sigue descartándose en los procesos de selección.

Las previsiones no son buenas: un informe de la agencia de calificación norteamericana Moody’s estima que el gasto sanitario relacionado con el envejecimiento poblacional crecerá un 18% en España para el año 2035, hasta los 95.000 millones de euros. En poco más de una década (2033) habrá un 25,2 % de la población española con más de 65 años, y casi un 30% en 2040.

“Es vital encontrar soluciones para los problemas que se avecinan en la próxima década. Una de las principales claves es mejorar la salud y la calidad de vida de los ciudadanos de cara a la vejez, fomentando el llamado ‘envejecimiento activo’, para el cual la tecnología puede ser de gran ayuda”, apunta Eduardo Jauregui, CEO y fundador de la tecnológica española IRISBOND.

Avances tecnológicos como el Big Data, el Internet de las cosas (IoT) o la Inteligencia Artificial (IA) han despegado con fuerza en los últimos años y pueden ser piezas fundamentales para ayudar a las personas, especialmente a las mayores, facilitándoles la comunicación con el entorno, ayudándoles en su bienestar e incrementando su empoderamiento y autogestión.

Asimismo, la tecnología se ha convertido -y no hemos visto más que la punta del iceberg- en una herramienta imprescindible en la detección, diagnóstico y tratamiento de muchas enfermedades. Por ejemplo, en los últimos años, ya se ha podido comprobar que las nuevas tecnologías aplicadas a la salud han reducido las estancias en centros sanitarios y hospitales notablemente. La tecnología aplicada a la salud abarca tareas vinculadas con la gestión de la información como el seguimiento de tratamientos, registro de historiales médicos o control farmacológico. También en las ayudas en cirugías como implantes ortopédicos o dispositivos cardiovasculares o cualquier intervención no invasiva, o en la eficacia de las pruebas diagnósticas.