"El reto de fondo no es tecnológico, es metodológico: cómo cambia la forma de enseñar y cómo se rediseña la clase" Fabiola Pérez, MIOTI Tech & Business School
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Conversamos con Fabiola Pérez, CEO y cofundadora de MIOTI Tech & Business School, para conocer su punto de vista sobre la evolución tecnológica que está viviendo el sector educativo, las necesidades digitales que tienen actualmente los centros de enseñanza y el impacto de tecnologías como la inteligencia artificial, que tiene un gran potencial para transformar la forma de enseñar.
¿Cómo ha avanzado tecnológicamente el sector educativo en los últimos años?
Es una pregunta compleja, porque conviven dos velocidades muy distintas. Por un lado, las grandes universidades y los centros más consolidados no están dando un salto tan relativo como cabría esperar; el cambio de fondo aún les cuesta. Sí hay excepciones que apuntan por dónde va el futuro: instituciones de referencia que ya permiten entregar trabajos con inteligencia artificial, evaluar los prompts del alumno y corregir de otra manera, asumiendo que la IA forma parte del proceso de aprendizaje y no es algo que haya que esconder.
Por otro lado está la nueva educación, y ahí el avance ha sido enorme. La IA ha revolucionado la creación de contenido para plataformas de e-learning: lo que antes tardaba meses en producirse, como un programa completo con contenido escrito y material audiovisual, hoy se genera en días. No es casualidad que el mercado global de IA aplicada a la educación ronde ya los 6.000 millones de dólares en 2025, impulsado por la demanda de soluciones personalizadas y accesibles.
El reto de fondo no es tecnológico, es metodológico: cómo cambia la forma de enseñar y cómo el educador rediseña la clase. Yo lo veo sobre todo como un desafío para el aula presencial, que se ve empujada hacia modelos de flipped learning, más que para el e-learning, donde la tecnología juega directamente a favor. Ahí hiperpersonaliza, facilita el acceso a los contenidos y desplaza el valor hacia la curación, es decir, hacia garantizar que lo que se enseña es riguroso y está actualizado. Gran parte de eso ya lo resuelve la propia plataforma.
Yo lo ordenaría en tres planos. El primero, el alumno y su forma de aprender. El segundo, las universidades y su administración: todo el journey del estudiante y la gestión académica se ha digitalizado con multitud de plataformas, que ahora viven el mismo momento que los CRM. O incorporan IA y se vuelven mucho más dinámicas, o nacerán plataformas nuevas que las sustituyan. Y el tercero, los propios contenidos y titulaciones.
Sobre esto último tengo una convicción: en el aprendizaje de competencias digitales, el título tradicional de nueve meses, dos o tres años empieza a ceder peso frente a las microcredenciales, mucho más cortas y especializadas, con las que cada vez convive más. La Formación Profesional ya trabaja en esa línea, mientras que grado y posgrado van más rezagados. En España, el plan Microcreds del Ministerio, dentro del Plan de Recuperación, destina 48,5 millones de euros al desarrollo de microcredenciales universitarias, es decir, formaciones breves de menos de 15 ECTS orientadas a recualificar a la población adulta, y se estima que cerca del 40% de los trabajadores necesitará recualificarse en los próximos años. En MIOTI lo hemos vivido en primera persona: empezamos con másteres más largos y cada vez vamos hacia programas más cortos y más especializados.
¿Qué tecnologías son fundamentales para construir un ecosistema digital moderno en los centros educativos?
La primera, sin duda, es la inteligencia artificial como tecnología transversal: nos ayuda a generar contenido, a construir aplicaciones y a crear un contacto mucho más personalizado con el alumno y con el profesor. Es la palanca que atraviesa todo lo demás.
La segunda es la interconexión: un ecosistema de herramientas conectadas, ya sea a través de MCP cuando hablamos de IA, o mediante una arquitectura híbrida. Y es fundamental por una razón muy concreta. Por un lado, el conocimiento del profesorado es una ventaja competitiva que no quieres que salga del centro y que debes proteger; por otro, tienes que dar a los alumnos acceso rápido a ese contenido, que además se actualiza a gran velocidad. Un ecosistema bien conectado es lo que permite resolver esas dos exigencias a la vez: proteger lo propio y distribuirlo con agilidad.
La industria TI ofrece plataformas digitales en la nube para apoyar la enseñanza digital, en presencial y remoto. ¿Qué ventajas e inconvenientes plantean frente a desarrollos propios de los centros educativos?
La ventaja del cloud es evidente. Vas mucho más rápido, incorporas best practices de otros centros y te apoyas en un partner especializado en plataformas educativas. El problema es que esa misma best practice te iguala al resto. Si todos adoptamos exactamente lo mismo, nadie genera ventaja competitiva.
Lo diferencial no es la plataforma en sí, sino cómo se usan sus componentes: la gestión del alumno, la adecuación de los contenidos, la personalización de la experiencia. Por eso defiendo un entorno híbrido, con piezas únicas desarrolladas dentro de la propia entidad educativa, algo que hoy la IA nos permite hacer de forma mucho más ágil. Tiene una contrapartida, y es que necesitas un equipo de desarrollo, pero cada vez son equipos más funcionales y menos técnicos.
Y a la hora de elegir partner de plataforma, yo pondría tres condiciones sobre la mesa. Primera, que los datos sean tuyos y no haya vendor lock-in, de modo que puedas extraerlo todo cuando quieras. Segunda, que el partner esté integrando IA de forma real para dar dinamismo y personalización. Y tercera, que ofrezca un ecosistema abierto, capaz de conectarse con muchas aplicaciones y con distintos modelos de inteligencia artificial. Un entorno cerrado hoy es un riesgo estratégico.
¿Qué estrategia tecnológica siguen en MIOTI para sus programas de formación digital?
Escuchar a las empresas. Escuchar qué demanda el mercado y cuáles son los nuevos puestos de trabajo que están apareciendo. Esa escucha guía tanto la evolución de los másteres que ya tenemos como la creación de programas nuevos: nos enfocamos en lo que buscan las compañías, más allá del título universitario o de la tecnología en sí misma, y luego hacemos el encaje entre esa titulación y el puesto real que se está demandando.
La clave es que contamos con un equipo de desarrollo propio, integrado en nuestra consultora, MIOTI Data & AI Services. Ese equipo prueba las tecnologías para decidir cuáles incorporamos a los sílabos de las asignaturas y, a la vez, nos mantiene el pulso del mercado: a través de los proyectos que ejecutamos para las empresas sabemos qué necesitan y qué tienen que aprender nuestros alumnos para liderar los nuevos escenarios digitales y de IA. Es un ecosistema híbrido entre consultora y escuela que se retroalimenta constantemente, y a ambas las alimenta la empresa. Ese modelo explica que hayamos formado ya a más de 7.000 profesionales, con un 100% de empleabilidad en seis meses, y que reforcemos la propuesta con alianzas con instituciones como el MIT y UTAMED.
¿Cómo puede ayudar la inteligencia artificial en la educación? ¿Qué riesgos plantea y cómo debería orquestarse su uso en la enseñanza?
Los beneficios los he apuntado antes: personaliza el aprendizaje, acelera de forma drástica la creación de contenido y democratiza el acceso al conocimiento. Donde de verdad hay que poner el foco es en los riesgos y en cómo se gobierna todo esto.
Los riesgos son reales: la dependencia excesiva de la tecnología, la integridad académica, la equidad en el acceso y la protección del dato. Por eso el uso de la IA hay que orquestarlo, no dejarlo al azar. Para mí, esa orquestación pasa por tres cosas: curar el contenido para garantizar que es riguroso y está actualizado; preservar el criterio y el acompañamiento humano; y operar dentro de un marco ético y regulatorio claro. En Europa ese marco ya existe: el Reglamento Europeo de IA (AI Act) clasifica como de alto riesgo determinados usos educativos, como los sistemas que intervienen en la admisión o en la evaluación de los alumnos, y les exige garantías específicas. Es un terreno especialmente sensible cuando el 85% de los profesionales de la industria digital ya utiliza IA y la principal barrera para adoptarla sigue siendo la falta de formación. Nuestra misión es precisamente esa: formar líderes capaces de integrar la IA con visión, impacto y responsabilidad.
¿Cómo abordan en MIOTI la ciberseguridad en su ecosistema digital?
Trabajamos sobre una infraestructura híbrida, no puramente cloud, y nos apoyamos en muy buenos partners para sostener los estándares de seguridad. En todo lo que tiene que ver con el dato aplicamos nuestros propios estándares de ciberseguridad, siempre en cumplimiento de la normativa europea. Y hay un tercer pilar que a menudo se subestima: la concienciación de los empleados. La tecnología y los partners son necesarios, pero la primera línea de defensa siempre son las personas, y por eso la formación interna en seguridad es parte del planteamiento.
¿Cómo prevén en MIOTI que evolucionará la tecnología aplicada a la enseñanza?
Hacia una enseñanza más dedicada, más concreta y más aplicada, con la inteligencia artificial como gran apoyo. La IA va a ser el denominador común de todo: no un añadido, sino el hilo que atraviese la personalización, la creación de contenido y el acompañamiento al alumno. La formación del futuro será más corta, más específica y más conectada con la realidad de las empresas, y la tecnología estará al servicio de ese objetivo, no al revés.