Los agentes de IA abren una nueva etapa tecnológica en las empresas
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Los agentes pueden reducir costes hasta un 70%, acortar procesos de días a horas y absorber picos de demanda del 300%. Sin embargo, su impacto depende de seleccionar procesos con necesidad real, disponer de datos fiables e integrar correctamente los sistemas, entre otros factores.
La inteligencia artificial está entrando en una fase decisiva dentro de las organizaciones. Tras la expansión de la IA generativa y los copilotos, emerge una nueva categoría tecnológica: los agentes de IA, sistemas capaces de interpretar objetivos, consultar información, interactuar con aplicaciones, tomar decisiones y ejecutar acciones dentro de procesos reales de negocio.
La patronal DigitalES analiza este salto tecnológico en dos informes presentados en CEOE, que abordan tanto el potencial operativo de estos agentes como los nuevos retos de ciberseguridad y gobernanza que acompañan a una inteligencia artificial cada vez más autónoma.
La IA entra en la fase agéntica
La diferencia clave respecto a las herramientas actuales es la capacidad de acción. Mientras un copiloto asiste al usuario, un agente puede recibir un objetivo, analizar información corporativa, decidir los pasos a seguir, interactuar con distintos sistemas y ejecutar acciones dentro de límites definidos.
Este cambio abre una nueva etapa tecnológica en la que la IA deja de ser un asistente y se convierte en un operador digital dentro de los procesos empresariales.
Según Miguel Sánchez Galindo, director general de DigitalES, “estamos pasando de una IA que asiste a una IA que actúa. Ese cambio multiplica las oportunidades, pero también exige reforzar los mecanismos de control, seguridad y responsabilidad con los que las organizaciones la despliegan”.
Procesos más rápidos, baratos y escalables
El informe “Agentes IA: el siguiente paso en la transformación empresarial” identifica mejoras significativas. Desde procesos de 3–5 días que pasan a resolverse en 2–4 horas, a reducción del coste por transacción entre un 40% y un 70%, capacidad para absorber picos de demanda del 300% sin aumentar plantilla, y reducción del 50% al 70% del tiempo dedicado a estructurar información no estructurada (documentos, imágenes, audio, vídeo).
Estos resultados ya se observan en 9 casos de uso reales en banca, telecomunicaciones, industria, administraciones públicas, pymes y servicios profesionales, lo que demuestra que la adopción es transversal.
DigitalES advierte que la IA agéntica no es una solución universal. Su impacto depende de seleccionar procesos con necesidad real, disponer de datos fiables, integrar correctamente los sistemas, definir límites claros de autonomía y establecer supervisión y control adecuados.
Procesos con alto impacto legal, financiero o reputacional, o aquellos que requieren juicio humano y empatía, deben mantener la intervención humana como elemento central.
Los agentes se convierten en “identidades privilegiadas”
El informe “Inteligencia Artificial y Ciberseguridad: marco integral y recomendaciones para una implementación segura en las empresas”, alerta de que los agentes, al operar sobre sistemas reales y manejar información sensible, deben gobernarse como identidades privilegiadas.
Los riesgos incluyen exceso de permisos, manipulación del comportamiento del agente, acceso no controlado a otros sistemas, propagación automática de errores e impacto directo en datos, aplicaciones y procesos corporativos.
La ciberseguridad debe extenderse más allá de la infraestructura para proteger también datos, modelos, integraciones, decisiones y comportamientos automatizados.
DigitalES propone un marco de control basado en privilegios limitados, trazabilidad completa de acciones, monitorización continua, supervisión proporcional al impacto potencial y diseño seguro desde el inicio.
El contexto regulatorio también avanza: tanto los fundadores de los grandes modelos de IA como el Gobierno, a través del plan IA360, subrayan la necesidad de reforzar la gobernanza y la seguridad.
Los dos informes coinciden en una misma visión: el valor de la IA se materializa cuando se integra en los procesos con propósito, gobernanza y seguridad. La extensión de los agentes abre una oportunidad para mejorar productividad, capacidad de respuesta, competitividad y escalabilidad operativa, pero exige mantener a las personas en los puntos críticos de decisión y situar la seguridad como condición indispensable para escalar la innovación.