Lo que PISA 2025 nos dice sobre la IA y el aprendizaje
- Opinión
El 75,6% de los jóvenes de entre 16 y 24 años ya utiliza herramientas de Inteligencia Artificial. Entre los universitarios, el porcentaje alcanza el 90%, aunque un 62% afirma no haber recibido formación específica para utilizarlas.
Por Fernado Blázquez, director del Grado en Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial de UDIT, Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología
El último informe PISA, publicado en septiembre de 2026, ofrece datos que ponen de manifiesto la preocupante situación en la que se encuentra el sistema educativo español y confirma una tendencia que se viene observando en los últimos años: un descenso generalizado en las competencias de los estudiantes de 15 años, tanto en España como en el conjunto de la OCDE.
Detrás de estos resultados confluyen múltiples factores, entre ellos los continuos cambios en las políticas educativas, la creciente dependencia de dispositivos digitales y redes sociales (con impacto negativo asociado sobre la atención y la concentración), el abandono de metodologías docentes que habían demostrado su eficacia y, cada vez más, el uso inadecuado de herramientas de Inteligencia Artificial.
Al analizar en profundidad los factores que han podido influir en el bajo rendimiento de los estudiantes, conviene prestar especial atención al modo en que la IA puede estar utilizándose para sustituir procesos de aprendizaje que deberían realizar por sí mismos. A ello se suma que el sistema educativo todavía está buscando las estrategias y los recursos adecuados para integrar esta tecnología de forma eficaz en las aulas. Además, los problemas derivados de un uso poco crítico de la IA no son exclusivos del ámbito educativo, sino que comienzan a manifestarse de forma transversal en distintos ámbitos de la sociedad.
En este sentido, resultan especialmente relevantes los datos recogidos en el informe “La universidad española ante la inteligencia artificial: formación digital, competencias y empleo”, presentado por la Fundación CYD en colaboración con DigitalES e InfoJobs. El estudio señala que el 75,6% de los jóvenes de entre 16 y 24 años ya utiliza herramientas de Inteligencia Artificial. Entre los universitarios, el porcentaje alcanza el 90%, aunque un 62% afirma no haber recibido formación específica para utilizarlas.
Estos datos ponen de manifiesto, por un lado, el elevado grado de penetración que ha alcanzado esta tecnología entre los jóvenes y, por otro, la rapidez con la que se ha incorporado a sus hábitos de estudio. Esta rápida incorporación plantea un doble problema.
Por una parte, reproduce una tendencia que también comienza a observarse en determinados entornos profesionales: recurrir a la IA incluso cuando su utilización no resulta realmente necesaria. Por otra, y de forma más preocupante desde el punto de vista educativo, puede consolidar entre los estudiantes el hábito de delegar en estas herramientas tareas y procesos que resultan fundamentales para la adquisición de conocimientos, habilidades y competencias inherentes al proceso de aprendizaje.
El informe PISA dibuja precisamente un contexto que obliga a prestar atención a este fenómeno: peores resultados académicos, estancamiento, problemas de concentración y atención, baja comprensión lectora y retroceso en áreas críticas como son las matemáticas.
Por otro lado, los datos apuntan a que utilizar estas herramientas sin comprender adecuadamente su funcionamiento dificulta que los estudiantes sepan formular las preguntas adecuadas y, sobre todo, que sean capaces de evaluar las respuestas obtenidas.
Esto no implica que haya que renunciar al uso de la Inteligencia Artificial en el ámbito educativo. Bien utilizada, puede convertirse en un poderoso aliado con enormes posibilidades para el aprendizaje, siempre que seamos capaces de promover su uso responsable.
Colegios, institutos, universidades y, en general, cualquier centro formativo tienen ante sí el desafío de enseñar a los estudiantes cuándo resulta realmente necesario recurrir a la IA y cómo utilizarla de una manera crítica y eficaz. Es fundamental que los estudiantes no conciban la IA como un mero sistema resolutor de tareas, sino como un aliado con el que mejorar su formación.
A día de hoy, la expansión de la Inteligencia Artificial en prácticamente todos los ámbitos de la sociedad demuestra que no estamos ante un fenómeno pasajero. Los centros educativos deben prepararse para integrarla en sus programas formativos como una herramienta capaz de reforzar las capacidades de los estudiantes, entre otras ventajas. Esto exige superar una barrera previa: disponer de los recursos económicos y del personal especializado necesarios para ofrecer una formación de calidad en Inteligencia Artificial.
A este respecto, el informe de la Fundación CYD señala otro problema: la formación en Inteligencia Artificial sigue concentrada en las titulaciones tecnológicas. El 46,3% de los centros la limita a grados STEM y solo el 29,3% la ofrece de forma transversal.
El sistema educativo debería plantearse como una necesidad cada vez más urgente formar al profesorado e integrar la IA junto a las metodologías tradicionales: enseñarles a aprovechar sus posibilidades, sí, pero abordar también cuestiones esenciales como la protección de los datos y los posibles sesgos de estas herramientas.
Finalmente, merece la pena destacar que la formación en Inteligencia Artificial también debe preparar a los estudiantes para un mercado laboral en el que estas competencias tendrán un peso creciente. El informe de la Fundación CYD apunta en esa dirección: la demanda de perfiles vinculados al desarrollo y la integración de IA ha crecido un 64% en un año.
El reto que tiene ante sí el ámbito académico es actuar antes de que determinados hábitos de dependencia o uso acrítico se consoliden. Integrar la IA de forma adecuada a lo largo de todo el itinerario educativo será complejo, pero aplazar esa adaptación solo hará más difícil corregir después determinadas prácticas que pueden terminar convirtiéndose en estructurales.