La IA agéntica y la soberanía tecnológica irrumpen como prioridades estratégicas para las empresas
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La segunda jornada de DES 2026 ha puesto el foco en la evolución de la inteligencia artificial hacia modelos más autónomos, el papel del dato como activo empresarial y la necesidad de reforzar la soberanía tecnológica europea
La segunda jornada de DES 2026 ha puesto el foco en la evolución de la inteligencia artificial hacia modelos más autónomos, el papel del dato como activo empresarial y la necesidad de reforzar la soberanía tecnológica europea
La inteligencia artificial ha entrado en una nueva fase. Tras el auge de los asistentes conversacionales, el siguiente paso pasa por el desarrollo de agentes capaces de ejecutar tareas complejas con mayor autonomía, una evolución que obligará a las organizaciones a replantear su estrategia tecnológica, desde la gestión del dato hasta la gobernanza y la seguridad. Esta ha sido una de las principales conclusiones de la segunda jornada de DES – Digital Enterprise Show 2026, donde expertos internacionales coincidieron en que la competitividad empresarial dependerá cada vez más de la capacidad para desplegar una IA escalable, fiable y sustentada sobre infraestructuras sólidas.
Uno de los principales protagonistas fue Yongdong Wang, vicepresidente corporativo de Microsoft y presidente del Grupo de I+D de Asia-Pacífico de la compañía, quien defendió que el mercado está entrando en la era de la IA agéntica, caracterizada por sistemas capaces de actuar con un mayor grado de autonomía para resolver procesos empresariales. A su juicio, esta nueva etapa llega acompañada de una reducción de los costes tecnológicos y de una aceleración de la adopción de la inteligencia artificial en el ámbito corporativo.
Sin embargo, el directivo advirtió de que la incorporación de estos agentes inteligentes exige reforzar aspectos que muchas organizaciones todavía tienen pendientes. Entre ellos situó la calidad del dato, la infraestructura tecnológica y los mecanismos de gobernanza. En este contexto, recordó que la información constituye el principal activo de cualquier empresa y que el valor de los nuevos modelos dependerá en gran medida de la capacidad para gestionar adecuadamente ese conocimiento.
La expansión de los agentes inteligentes también plantea nuevos desafíos desde el punto de vista de la seguridad. Wang señaló que estos sistemas deberán contar con identidades digitales propias y con mecanismos específicos de autenticación y control de accesos, especialmente en entornos híbridos donde convivirán infraestructuras locales, edge computing y servicios cloud.
Europa busca su espacio en un nuevo mapa tecnológico
Más allá de la evolución tecnológica, buena parte del debate giró en torno al nuevo equilibrio internacional que está configurando la inteligencia artificial. La creciente capacidad de innovación de China y el liderazgo tecnológico de Estados Unidos están obligando a Europa a redefinir su estrategia para mantener su competitividad.
Precisamente el papel de Europa en este nuevo escenario ocupó una parte destacada de las sesiones celebradas durante la jornada. Carme Artigas destacó que la relación tecnológica entre España y China está evolucionando hacia un modelo basado en la colaboración para acelerar la transformación digital. Según explicó, el diálogo entre ambos países ya no se limita al intercambio comercial, sino que incorpora cuestiones vinculadas a la construcción de infraestructuras digitales y al desarrollo conjunto de capacidades tecnológicas.
En la misma línea, Margaret Chen defendió que Europa debe comprender la velocidad con la que evoluciona el ecosistema tecnológico chino si quiere mantener su capacidad competitiva en los próximos años.
Regulación e innovación dejan de verse como conceptos opuestos
Otro de los asuntos que centró el debate fue la relación entre regulación e innovación, especialmente en un momento en el que la Unión Europea continúa desplegando su marco normativo sobre inteligencia artificial.
Carme Artigas sostuvo que el ejemplo chino demuestra que es posible combinar una regulación exigente con un fuerte desarrollo tecnológico. A su juicio, Europa no necesita replicar exactamente otros modelos regulatorios, pero sí puede extraer enseñanzas sobre la rapidez con la que determinados países están llevando la inteligencia artificial desde los laboratorios hasta su aplicación práctica.
La directiva también defendió una mayor transparencia y reciprocidad en la colaboración internacional, especialmente en materia de investigación y desarrollo, para facilitar la creación de ecosistemas de innovación compartidos.