“Nuestro objetivo es que todas las marcas del grupo compartan una única plataforma”, Babak Vahedipour, IONOS

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En esta entrevista, Babak Vahedipour, vicepresidente de Tecnología de Hosting de IONOS, nos habla sobre la nueva plataforma de hosting creada desde cero por su compañía, con la que pretenden redefinir el modelo de alojamiento web. Explica que su nuevo modelo se sustenta en una arquitectura basada en contenedores, altamente automatizada y concebida para escalar millones de aplicaciones con un alto grado de aislamiento, eficiencia y resiliencia. Y también destaca que está totalmente preparada para los desafíos que acompañan a la expansión de la inteligencia artificial y para ofrecer a los clientes un entorno acorde a los requisitos de soberanía digital europea.

¿Podría explicarnos cuál es su rol como vicepresidente de Tecnología de Hosting de IONOS?

Llevo casi 27 años trabajando para el grupo. Me incorporé en 1999, cuando la empresa para la que trabajaba fue adquirida por IONOS. Como vicepresidente de Tecnología de Hosting, soy responsable del desarrollo y de la operación de toda la plataforma de alojamiento web compartido del grupo, así como de los productos que se construyen sobre ella. Eso incluye no solo IONOS, sino también marcas como Arsys, STRATO y el resto de compañías que forman parte del grupo en distintos países.

Mi trayectoria siempre ha estado ligada al desarrollo de software. Empecé como desarrollador y, con el paso del tiempo, fui asumiendo responsabilidades cada vez mayores hasta dirigir la evolución tecnológica de nuestra plataforma.

Hoy desarrollamos y operamos la infraestructura sobre la que funcionan nuestros servicios de alojamiento web, pero también productos como nuestro creador de sitios web, las nuevas soluciones basadas en inteligencia artificial y otros servicios asociados. Asimismo, mi equipo es responsable de toda la plataforma de correo electrónico del grupo. Desarrollamos internamente tanto la infraestructura como el software que la sustenta y nos encargamos de su operación diaria. En definitiva, supervisamos prácticamente toda la tecnología sobre la que se apoyan nuestros servicios de alojamiento.

 

¿Cómo ha evolucionado la tecnología del alojamiento web durante los últimos años? ¿Qué llevó a IONOS a desarrollar una plataforma completamente nueva?

En realidad, el origen de esta plataforma se remonta bastante atrás. Empezamos a trabajar en ella hace casi veinte años. Prácticamente todos los proveedores nacieron de una forma muy parecida: un grupo de personas reunía unos cuantos servidores en un garaje, en una universidad o en un pequeño centro de datos, instalaba Apache sobre Linux y comenzaba a ofrecer espacio para alojar páginas web. Nadie imaginaba entonces la dimensión que alcanzaría esta industria.

La historia de IONOS no fue muy distinta. Todo comenzó con un grupo de estudiantes del Instituto Tecnológico de Karlsruhe que montaban servidores —literalmente sobre estructuras de madera— para ofrecer alojamiento a otros estudiantes y pequeñas empresas que necesitaban una conexión permanente a Internet. En aquella época, disponer de un servidor conectado de forma continua era un recurso escaso, así que la demanda creció con enorme rapidez. Las empresas de hosting se expandieron casi sin darse cuenta.

Sin embargo, esa evolución tuvo una consecuencia: las plataformas fueron creciendo sobre una arquitectura que nunca se había diseñado para alcanzar semejante escala. Nadie se había planteado cómo debía ser realmente una plataforma de alojamiento moderna o cómo optimizarla para millones de clientes.

Pero nosotros tuvimos la oportunidad de hacerlo. Hacia 2006, una gran compañía de telecomunicaciones nos planteó un reto: desarrollar una plataforma capaz de ofrecer el mismo servicio utilizando una fracción de los recursos que requerían las soluciones existentes. En aquel momento el equipo era muy reducido —prácticamente estaba yo solo— y comenzamos experimentando con módulos para Apache y el kernel de Linux. Era un enfoque muy artesanal, pero el resultado fue sorprendente. Conseguimos reducir una infraestructura de 220 servidores a tan solo diez, manteniendo el mismo nivel de servicio. Ese dato refleja bastante bien la magnitud del salto que logramos.

A partir de ahí empezamos a desarrollar componentes propios para prácticamente todas las capas de la plataforma: módulos del kernel, extensiones para el servidor web y diferentes servicios del sistema operativo. Pero el verdadero punto de inflexión llegó alrededor de 2010, cuando decidimos replantearnos toda la arquitectura y empezar prácticamente desde cero. Así, eliminamos Apache como elemento central de la plataforma, sustituimos el sistema de tareas programadas (cron), prescindimos del SSH tradicional y reescribimos todos los componentes críticos.

Hoy prácticamente toda la pila tecnológica que sustenta el alojamiento web de IONOS ha sido desarrollada por nuestros propios equipos. Además, una gran parte de ese software es código abierto y está disponible públicamente en GitHub. Inicialmente desarrollamos la mayoría de los componentes en C++, y actualmente muchos de ellos están siendo reescritos en Rust o Go para seguir mejorando el rendimiento y la seguridad.

Pero el cambio más importante no fue tecnológico, sino conceptual. Nos hicimos una pregunta muy sencilla: ¿cómo podemos garantizar que cada cliente disponga de un entorno completamente aislado, de forma que nadie pueda afectar al rendimiento ni a la seguridad de los demás?

La respuesta fue construir una plataforma basada íntegramente en contenedores. Curiosamente, empezamos a desarrollar esta arquitectura antes incluso de que Kubernetes existiera como proyecto. En cierto modo, creamos un sistema muy parecido, aunque específicamente diseñado para el alojamiento web compartido, en el que cada cliente dispone de su propio contenedor.

Cuando llega una petición a un sitio web cuyo contenedor no está activo, el sistema lo inicia en apenas 50 o 60 milisegundos. Mientras existe tráfico, ese entorno permanece en ejecución. Cuando deja de utilizarse, vuelve automáticamente a un estado inactivo para liberar recursos.

Ese modelo nos permite alojar desde pequeños sitios personales hasta proyectos con millones de visitas utilizando la misma infraestructura, asignando recursos únicamente cuando realmente son necesarios. Y esa misma arquitectura es la que hoy nos permite desarrollar nuevos productos, como nuestras soluciones basadas en inteligencia artificial.

Precisamente la IA representa el cambio más profundo que hemos vivido en los últimos años. Nuestra infraestructura da servicio a millones de clientes repartidos por todo el mundo. Gestionar un volumen tan grande de servidores exigía, tradicionalmente, equipos enormes dedicados exclusivamente a las operaciones. Pero eso está cambiando muy deprisa.

En IONOS estamos desarrollando lo que internamente denominamos Dark Operations, un modelo en el que la mayor parte de la infraestructura es capaz de supervisarse, recuperarse y optimizarse de forma autónoma, con el apoyo de sistemas de inteligencia artificial. Cuando un cliente abre un ticket de soporte, por ejemplo, la IA puede clasificar automáticamente la incidencia y dirigirla al flujo de trabajo adecuado. También dispone de herramientas internas que le permiten analizar información anonimizada de los servidores para localizar el origen de un problema sin comprometer la seguridad de los datos.

La evolución ha sido vertiginosa. Desde finales del año pasado hasta hoy hemos visto cambios que, hace apenas unos años, habrían parecido imposibles. Gracias a esa misma plataforma hemos podido desarrollar productos como nuestro nuevo AI Builder, una solución que facilita la creación de aplicaciones mediante inteligencia artificial y que aprovecha exactamente la misma infraestructura basada en contenedores.

En definitiva, la transformación del alojamiento web comenzó hace años con nuestra apuesta por una arquitectura completamente basada en contenedores. Sin embargo, la llegada de la inteligencia artificial está acelerando esa evolución hasta un nivel que no habíamos visto nunca. Internamente llamamos Stretch a esta nueva plataforma, y hoy constituye la base tecnológica sobre la que todas las empresas del Grupo IONOS están unificando sus servicios.

 

¿Cuáles fueron los principales retos tecnológicos durante el desarrollo de esta nueva plataforma?

El desafío más importante fue cambiar por completo la forma en que ejecutábamos las aplicaciones de nuestros clientes. En la plataforma anterior alojábamos entre mil y dos mil cuentas en cada servidor físico, dependiendo de su capacidad. Con la nueva arquitectura podemos llegar a albergar hasta 50.000 clientes en un solo servidor, algo que solo es posible gracias al uso de contenedores.

Ahora bien, alcanzar ese nivel de densidad no consiste simplemente en ejecutar contenedores. El verdadero reto era conseguir que cada uno pudiera iniciarse prácticamente al instante. Si el arranque tardara uno o dos segundos, cada primera visita a un sitio web provocaría una espera perfectamente perceptible para el usuario. Eso era inaceptable.

Nuestro objetivo era mucho más ambicioso: levantar un entorno completo de alojamiento web en apenas unas decenas de milisegundos. Cuando un cliente accede a una cuenta de alojamiento compartido de IONOS, en realidad está entrando en su propio contenedor aislado. Si abre una sesión SSH y ejecuta un comando como ps, únicamente verá sus procesos. Desde su punto de vista, dispone de un sistema Linux dedicado exclusivamente a él. Sin embargo, ese entorno solo existe mientras resulta necesario, ya que cada cliente tiene su propio entorno, completamente aislado, pero la infraestructura solo consume recursos cuando ese entorno está realmente en uso.

Conseguir que todo ese proceso ocurriera en apenas unos milisegundos exigió desarrollar numerosos componentes específicamente para esta arquitectura. Además, desde el primer momento nos marcamos otro objetivo irrenunciable: el aislamiento absoluto entre clientes. Nadie puede acceder al entorno de otro usuario, y ni siquiera nuestras herramientas de administración interactúan directamente con el espacio web desde el exterior. Todas las operaciones se realizan desde el propio interior del contenedor.

En otras palabras, los contenedores funcionan como compartimentos completamente estancos: no se puede entrar desde fuera, pero tampoco escapar desde dentro. De hecho, contamos con equipos especializados en pen testing, cuyo trabajo consiste precisamente en intentar romper ese aislamiento. Prueban continuamente nuevas técnicas para escapar de un contenedor o acceder al de otro cliente, y hasta ahora no lo han conseguido.

Evidentemente, un administrador del sistema conserva determinados privilegios sobre el servidor físico. Eso es inevitable. Pero esos privilegios no permiten acceder al entorno privado de los clientes utilizando los mecanismos habituales del sistema operativo. Ese nivel de aislamiento era una condición imprescindible desde el principio.

 

¿Qué otros desafíos están encontrando al implementar la nueva plataforma?

Hoy el mayor desafío tiene más que ver con la economía que con la ingeniería, ya que el coste del hardware se ha disparado. Cuando comenzamos este proyecto, un servidor para nuestra plataforma costaba alrededor de 15.000 euros; hoy, un servidor equivalente puede rondar fácilmente los 90.000 euros. Estamos hablando de un incremento cercano al 600%, lo que nos obligó a replantearnos muchas cosas. No podíamos trasladar ese incremento directamente a nuestros clientes.

Nadie aceptaría multiplicar por seis el precio de un servicio de alojamiento, así que la única alternativa era mejorar todavía más la eficiencia de la plataforma, y durante los últimos meses hemos reescrito numerosos componentes para reducir aún más el consumo de CPU y memoria. Una de las ventajas de controlar toda la pila tecnológica es que podemos optimizar cualquier elemento cuando detectamos un cuello de botella, y sabemos exactamente dónde invertir nuestros esfuerzos porque conocemos cada línea de código.

Uno de los mejores ejemplos es Apache. Durante más de dos décadas ha sido el estándar de facto del alojamiento compartido y millones de desarrolladores siguen esperando encontrar Apache cuando contratan un servicio de hosting. El problema es que consume muchos recursos. Por eso decidimos hacer algo poco habitual: reescribir completamente Apache en Rust.

El comportamiento para el cliente sigue siendo exactamente el mismo, ya que no cambia un solo comando ni una sola configuración, pero internamente el rendimiento es entre diez y quince veces superior al del Apache tradicional. Probablemente haya sido uno de los proyectos técnicamente más complejos en los que he trabajado y, sin embargo, el cliente ni siquiera es consciente de que ha ocurrido. Simplemente percibe que todo funciona más rápido.

Otro gran cambio tiene que ver con la propia evolución del mercado. Hace veinte años la mayoría de los usuarios contrataba un alojamiento web para subir archivos HTML, escribir CSS y construir su página manualmente. Hoy ese perfil prácticamente ha desaparecido y la mayoría solo quiere publicar un sitio web. Quizá utilice WordPress, quizá una tienda online o alguna otra aplicación, pero ya no le preocupa cuántos gigahercios tiene el procesador o cuánta memoria RAM incluye el plan. Lo que realmente quiere saber es algo mucho más sencillo: "¿Mi sitio seguirá funcionando si mañana recibe un millón de visitas?" Esa es la pregunta que importa.

Por eso también hemos cambiado nuestra forma de presentar los productos. Antes hablábamos de procesadores, memoria o capacidad de almacenamiento. Ahora hablamos del tipo de proyecto para el que está pensado cada plan: una página personal, una tienda online, un sitio corporativo o un proyecto con un volumen muy elevado de tráfico. Nuestros clientes ya no compran especificaciones técnicas, compran tranquilidad. Quieren saber que su sitio web responderá cuando lo necesiten. Y esa es exactamente la filosofía que guía el desarrollo de nuestra plataforma.

La transformación que está viviendo el sector es enorme. Durante más de veinte años aprendimos a construir plataformas pensando en servidores. Hoy las construimos pensando en aplicaciones, en contenedores y en automatización. La inteligencia artificial está acelerando todavía más ese cambio y las empresas que no sean capaces de adaptarse tendrán muy difícil seguir siendo competitivas durante la próxima década. En nuestro caso, toda la arquitectura se diseñó precisamente para facilitar esa evolución. Por eso, hoy podemos incorporar nuevas tecnologías con mucha más rapidez que hace unos años.

 

¿Qué características diferencian a esta nueva plataforma de otras soluciones disponibles actualmente en el mercado?

La principal diferencia es que toda la plataforma se ha diseñado en torno a un concepto muy sencillo: cada aplicación se ejecuta dentro de su propio contenedor. Hoy el término contenedor es muy conocido gracias a tecnologías como Docker o Kubernetes, pero cuando empezamos a desarrollar esta arquitectura ese paradigma apenas existía.

Nosotros aplicamos esa misma filosofía al alojamiento web. Cada cliente dispone de un entorno completamente independiente, lo que nos permite aislar las aplicaciones, optimizar el consumo de recursos y ofrecer mucha más flexibilidad que una plataforma tradicional. Pero hay otra consecuencia muy importante: como todo se basa en imágenes, podemos crear entornos específicos para cada tecnología.

Un desarrollador que prefiera trabajar sobre una distribución compatible con Red Hat puede hacerlo. Otro puede utilizar una imagen basada en Ubuntu. Del mismo modo, podemos ofrecer imágenes optimizadas para WordPress, Nextcloud, TYPO3 o cualquier otra aplicación. Es un planteamiento muy parecido al de Docker: eliges la imagen que necesitas y la plataforma se encarga del resto. Eso simplifica enormemente el desarrollo de nuevos productos.

Un buen ejemplo es nuestro AI Builder. En realidad, no tuvimos que construir una infraestructura nueva para ofrecerlo. Bastó con desarrollar una imagen específica que incorporara todas las dependencias necesarias y desplegarla sobre la plataforma existente, dado que la infraestructura ya estaba preparada.

Uno de los casos más interesantes es WordPress. Hemos dedicado muchísimo tiempo a optimizarlo porque representa una parte muy importante del tráfico que gestionamos. Cuando presentamos esta tecnología a Automattic, la empresa responsable del desarrollo de WordPress, quedaron realmente sorprendidos. Lo que hacemos es mantener una versión precompilada de WordPress. Esa versión se almacena en un sistema de archivos de muy alto rendimiento y se monta en modo de solo lectura dentro de los contenedores de los clientes.

Desde el punto de vista del usuario no cambia absolutamente nada porque sigue utilizando WordPress exactamente igual que siempre. La diferencia está en lo que ocurre internamente: si mañana aparece una nueva versión —por ejemplo, WordPress 7— podemos actualizar cientos de miles de instalaciones simplemente desplegando una nueva imagen. Es un proceso muy parecido a cambiar la versión de una imagen en Docker, porque no es necesario modificar cada instalación individualmente.

Toda la plataforma trabaja sobre la nueva versión de forma controlada y progresiva, un modelo que simplifica enormemente las actualizaciones y mejora tanto el rendimiento como la seguridad. La arquitectura también nos permite ofrecer distintos canales de distribución.

Hay clientes que desean disponer siempre de las últimas novedades, aunque eso implique asumir un cierto nivel de riesgo. Otros prefieren esperar a que las nuevas versiones hayan sido ampliamente probadas antes de instalarlas. Nuestra plataforma soporta ambos escenarios y las nuevas imágenes pueden desplegarse primero en un canal experimental, pasar después a un canal de pruebas y, finalmente, llegar al resto de los clientes cuando han demostrado su estabilidad. Todo este proceso está completamente automatizado.

Otra ventaja importante es la modularidad: cada aplicación dispone de un equipo responsable de mantener su imagen. Existe un equipo especializado en WordPress, otro en TYPO3, otro en Nextcloud y así sucesivamente. Cuando aparece una actualización o una vulnerabilidad de seguridad, ese equipo genera una nueva imagen y la publica en la plataforma, mientras el resto del sistema permanece inalterado. No es necesario reconstruir toda la infraestructura; simplemente se sustituye una imagen por otra.

Eso reduce enormemente los tiempos de despliegue y hace mucho más sencillo mantener un entorno seguro y actualizado. En realidad, la plataforma es completamente independiente de las aplicaciones que ejecuta. No está diseñada para WordPress, ni para Nextcloud, ni para ninguna tecnología concreta. Su única función consiste en proporcionar un entorno seguro, eficiente y escalable donde cualquier aplicación pueda ejecutarse.

Eso significa que incorporar un nuevo producto resulta relativamente sencillo, y si mañana decidimos ofrecer una nueva solución basada en Python, Go, Node.js o cualquier otra tecnología, basta con desarrollar la imagen correspondiente. No es necesario modificar el núcleo de la plataforma, y ese desacoplamiento entre infraestructura y aplicaciones es una de las razones por las que podemos evolucionar con tanta rapidez.

 

¿Qué beneficios perciben los clientes al utilizar esta plataforma?

El primero es muy evidente: el rendimiento. Gracias a esta arquitectura podemos optimizar aplicaciones muy complejas de formas que antes simplemente no eran posibles. Volviendo al ejemplo de WordPress, nuestra versión precompilada funciona sobre una máquina virtual de PHP especialmente optimizada. Eso nos permite reducir drásticamente el número de operaciones que deben ejecutarse cada vez que se carga una página.

En un WordPress convencional pueden producirse alrededor de 4.000 llamadas al sistema durante el proceso de inicialización. Nosotros hemos reducido esa cifra a apenas cinco o seis, lo que supone una enorme diferencia en rendimiento, y el usuario no tiene que hacer absolutamente nada para beneficiarse de esa mejora; simplemente percibe que su sitio responde mucho más rápido.

Este mismo enfoque se aplica a otras aplicaciones que distribuimos. PrestaShop, TYPO3, Nextcloud y muchas más disponen de imágenes específicamente optimizadas para nuestra plataforma, y cada una se mantiene y se actualiza de forma independiente. Eso nos permite mejorar continuamente el rendimiento sin que el cliente tenga que intervenir.

Otro beneficio muy importante es el aislamiento entre clientes. Durante décadas, uno de los mayores problemas del alojamiento compartido ha sido el llamado "vecino ruidoso" (noisy neighbor). Si un cliente consume demasiados recursos —o incluso si su sitio web resulta comprometido— puede perjudicar al resto de usuarios alojados en el mismo servidor.

Con nuestra arquitectura eso prácticamente desaparece. Cada contenedor tiene asignados unos recursos perfectamente definidos. Aunque un atacante consiguiera ejecutar código malicioso o intentara utilizar un sitio web para minar criptomonedas, únicamente podría consumir los recursos asignados a ese contenedor. Nunca afectaría al resto de clientes, lo cual supone una diferencia fundamental respecto a las plataformas tradicionales.

Pero quizá la mayor ventaja sea la resiliencia, porque toda nuestra infraestructura funciona como un único clúster distribuido. Los servidores se encuentran detrás de balanceadores de carga y trabajan conjuntamente. Si uno de ellos falla, los contenedores se inician automáticamente en otros nodos del clúster. El cliente ni siquiera percibe que ha habido una avería y, desde su punto de vista, el servicio continúa funcionando con normalidad. Ese nivel de continuidad era muy difícil de conseguir con las arquitecturas tradicionales, pero hoy forma parte del diseño básico de nuestra plataforma.

 

¿Esta nueva plataforma está pensada para un perfil concreto de cliente o se dirige a todo tipo de usuarios?

Está diseñada para ambos extremos, y precisamente ahí reside una de sus mayores fortalezas. Por un lado, permite ofrecer entornos muy avanzados para desarrolladores. Podemos proporcionar imágenes optimizadas para Node.js, Go, Python o cualquier otra tecnología que necesiten. El desarrollador dispone de un entorno coherente, predecible y adaptado a su forma habitual de trabajar.

Pero, al mismo tiempo, la plataforma simplifica enormemente la vida de quienes no tienen conocimientos técnicos. Muchos clientes solo quieren crear una página web o poner en marcha una tienda online. No quieren dedicar tiempo a instalar actualizaciones, aplicar parches de seguridad o comprobar si una nueva versión de WordPress puede generar incompatibilidades; prefieren que todo eso ocurra automáticamente. Y eso es exactamente lo que hacemos.

Cada imagen está mantenida por un equipo especializado que se ocupa de su evolución, de las actualizaciones y de la seguridad. Cuando aparece una vulnerabilidad en WordPress, por ejemplo, ese equipo prepara una nueva versión de la imagen y la despliega en la plataforma. En muy poco tiempo, todos los clientes quedan protegidos sin tener que intervenir.

Ese modelo nos permite asumir la complejidad técnica para que el usuario pueda centrarse únicamente en su proyecto. Al mismo tiempo, si un desarrollador necesita un mayor nivel de control, también lo tiene a su disposición. Puede trabajar con diferentes distribuciones de Linux, instalar sus herramientas habituales o desarrollar aplicaciones utilizando el lenguaje que prefiera.

En definitiva, la plataforma se adapta tanto a quien busca la máxima sencillez como a quien necesita un entorno de desarrollo muy flexible, y esa versatilidad también nos beneficia como compañía. Nos permite crear productos muy específicos para distintos perfiles sin necesidad de desarrollar una infraestructura diferente para cada uno de ellos.

De hecho, así nació nuestro AI Builder. Pudimos lanzarlo en apenas unos meses porque la infraestructura ya existía. Lo único que tuvimos que hacer fue desarrollar una nueva imagen con todos los componentes necesarios y desplegarla sobre la plataforma Stretch.

 

¿Tienen previsto sustituir completamente la plataforma anterior o ambas convivirán en el futuro cercano?

Como es natural, durante un periodo de transición convivirán ambas, ya que migrar millones de sitios web nunca es un proceso sencillo. Cada una de las compañías del grupo ha evolucionado durante años de forma independiente y cuenta con sus propias particularidades. El reto consiste en reproducir ese comportamiento dentro de la nueva plataforma sin obligar al cliente a realizar cambios. No podemos decir a millones de usuarios que deben modificar la configuración de sus aplicaciones antes de migrar. Sería una receta perfecta para generar incidencias.

La ventaja de trabajar con imágenes es que podemos encapsular esos entornos tal y como existen hoy. Pensemos, por ejemplo, en STRATO. Podemos tomar exactamente el entorno que utilizan sus clientes, convertirlo en una imagen y ejecutarlo dentro de Stretch.

Desde el punto de vista del usuario no cambia absolutamente nada, ya que su sitio web sigue funcionando igual que siempre. La diferencia es que, una vez dentro de la nueva plataforma, ya podemos ofrecerle nuevas funcionalidades cuando lo desee. Podemos incorporar nuevas versiones, herramientas de inteligencia artificial o mejoras de rendimiento sin necesidad de rediseñar toda la infraestructura.

Ese es el objetivo a largo plazo: que todas las marcas del grupo operen sobre una única plataforma tecnológica. Además de simplificar enormemente el desarrollo, esto también reduce los costes operativos y hace mucho más eficiente el mantenimiento.

Uno de los pilares de esa estrategia es lo que en IONOS denominamos Dark Operations, un modelo de operación altamente automatizado en el que la inteligencia artificial desempeña un papel protagonista. Tradicionalmente necesitábamos grandes equipos para supervisar miles de servidores y responder a cualquier incidencia.

Hoy estamos construyendo un modelo completamente distinto. Cuando se produce un problema, los sistemas de monitorización lo detectan automáticamente y la inteligencia artificial comienza a analizar la situación. Para ello utiliza una herramienta interna llamada Hatch, que le permite inspeccionar cualquier servidor de forma segura y elaborar un diagnóstico. Es importante subrayar que la IA no modifica los sistemas. Su función consiste exclusivamente en observar, recopilar información y proponer una explicación técnica de lo que está ocurriendo.

Por ejemplo, puede detectar que un determinado proceso está consumiendo una cantidad anómala de CPU y relacionarlo con errores que se están produciendo en una unidad NVMe o incluso con un cambio reciente en el kernel. En lugar de limitarse a mostrar métricas, es capaz de establecer relaciones entre distintos eventos y ofrecer una hipótesis fundamentada sobre el origen del problema. Ese tipo de asistencia supone un cambio enorme para los equipos de operaciones.

Todavía estamos ultimando esta tecnología, pero creemos que muy pronto formará parte del funcionamiento habitual de nuestra infraestructura. Desde mi punto de vista, representa uno de los avances más importantes que veremos en los próximos años.

Como responsable tanto del desarrollo como de las operaciones, mi objetivo es utilizar la automatización para que nuestros ingenieros puedan dedicar menos tiempo a tareas repetitivas y más a desarrollar nuevos productos y mejorar la plataforma. La inteligencia artificial no sustituye el conocimiento técnico, pero sí puede encargarse de gran parte del trabajo de observación, correlación y diagnóstico que hasta ahora realizaban las personas. Eso cambia completamente la forma de operar un centro de datos.

 

Cada vez más organizaciones europeas sitúan la soberanía digital entre sus prioridades. ¿Cómo cree que evolucionará el mercado de alojamiento web en este contexto? ¿Está preparada la infraestructura europea para asumir ese crecimiento?

Es una cuestión muy interesante porque, de hecho, ya estamos viendo ese cambio, ya que muchas organizaciones europeas están replanteándose su dependencia de determinados proveedores estadounidenses y buscan alternativas que garanticen que sus datos permanezcan bajo jurisdicción europea.

Esa tendencia está acelerándose y cada vez recibimos más clientes que no llegan únicamente por razones técnicas o económicas, sino porque consideran que la soberanía digital se ha convertido en un requisito estratégico para su negocio.

En ese escenario, IONOS parte de una posición muy sólida. Toda nuestra infraestructura ha sido diseñada y desarrollada por nuestros propios equipos, operamos nuestros propios centros de datos y controlamos toda la pila tecnológica sobre la que funcionan nuestros servicios. Eso nos permite ofrecer un nivel de independencia que hoy tiene un enorme valor.

Naturalmente, utilizamos proyectos de código abierto desarrollados por comunidades internacionales. Linux, por ejemplo, es el resultado del trabajo conjunto de miles de desarrolladores de todo el mundo y nosotros también contribuimos a ese ecosistema.

Pero una cosa es utilizar software de código abierto y otra muy distinta depender de servicios externos para operar una plataforma. Nosotros no dependemos de ningún proveedor estadounidense para que nuestra infraestructura funcione. Nuestros sistemas, nuestras herramientas y nuestros servicios críticos están bajo nuestro control.

Cuando un cliente aloja sus datos en IONOS y esos datos permanecen en Europa, toda la infraestructura que los procesa se encuentra también en Europa. Disponemos, por supuesto, de puntos de presencia distribuidos para ofrecer conectividad global, pero la información puede permanecer íntegramente dentro del territorio europeo si así lo requiere el cliente.

Ese aspecto cobra cada vez más importancia y por eso estamos desarrollando también nuestra propia red de distribución de contenidos (CDN). Durante mucho tiempo utilizamos soluciones de terceros para determinadas funciones, pero nuestro objetivo es sustituir progresivamente esos servicios por tecnología propia, porque queremos controlar todos los componentes críticos de la plataforma.

No porque desconfiemos de otros proveedores, sino porque creemos que nuestros clientes demandan un mayor grado de independencia tecnológica y nosotros queremos poder ofrecérselo, aunque todavía queda camino por recorrer.

Un buen ejemplo es nuestro entorno de colaboración corporativa. Hasta hace poco seguíamos utilizando Google Workspace para herramientas como el correo electrónico, el calendario, las videoconferencias o la mensajería interna, y precisamente ahora estamos culminando esa transición.

Como también soy responsable de la plataforma de correo electrónico del grupo, estamos migrando toda esa infraestructura hacia soluciones desarrolladas y operadas por nosotros mismos, con el objetivo de abandonar completamente Google Workspace y sustituirlo por una plataforma propia basada en Nextcloud, junto con una suite ofimática integrada.

Cuando ese proceso concluya podremos afirmar que prácticamente toda nuestra infraestructura tecnológica será independiente de proveedores externos, y eso representa un paso muy importante para nosotros. No se trata únicamente de una cuestión tecnológica; también tiene que ver con la confianza. Las empresas quieren saber dónde están sus datos, quién los gestiona y bajo qué legislación se almacenan. Hace unos años esa conversación apenas existía, pero hoy forma parte de prácticamente todas las decisiones de compra.

Nosotros llevamos décadas operando infraestructuras de Hosting en Europa y creemos que esa experiencia nos sitúa en una posición privilegiada para responder a esta nueva demanda. Somos la mayor empresa europea especializada en alojamiento web y queremos seguir invirtiendo para reforzar esa posición durante los próximos años.

Durante muchos años el trabajo de un equipo de operaciones consistía en vigilar servidores y reaccionar cuando aparecía un problema, pero creo que ese modelo está llegando a su fin. En el futuro, gran parte de esa supervisión será realizada por sistemas inteligentes capaces de detectar anomalías, correlacionar información y proponer diagnósticos en cuestión de segundos.

Los ingenieros seguirán siendo imprescindibles, pero dedicarán mucho menos tiempo a buscar el origen de un problema y mucho más a resolverlo o a desarrollar nuevas capacidades para la plataforma. Esa es la dirección en la que queremos avanzar y, al final, nuestro objetivo siempre ha sido el mismo: ofrecer una infraestructura más rápida, más segura y más eficiente, mientras reducimos al máximo la complejidad para el cliente. Si conseguimos que un usuario solo tenga que preocuparse por hacer crecer su negocio y no por administrar servidores, habremos cumplido nuestra misión.