La tecnología tiene más sentido cuando mejora la vida de las personas

  • Opinión
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La inteligencia artificial, el análisis de datos y la nube permiten a las organizaciones sociales optimizar recursos, mejorar la atención a las personas y tomar decisiones más informadas sin perder de vista su misión.

Por Iván Prieto, Director AWS Cloud en Devoteam

 

Cuando pensamos en inteligencia artificial, cloud o analítica de datos solemos asociarlas a grandes empresas, optimización de costes o mejoras de productividad. Sin embargo, algunos de los proyectos tecnológicos más inspiradores que estamos viendo hoy se están desarrollando en organizaciones del tercer sector.

Son entidades cuyo objetivo no es vender más ni aumentar su cuota de mercado. Su misión es mucho más importante: ayudar a personas en situación de vulnerabilidad, mejorar la vida de niños y familias, luchar contra el hambre o favorecer la inclusión. Y precisamente por eso, cada avance tecnológico tiene un impacto directo en la sociedad.

Durante los últimos años, desde Devoteam hemos tenido la oportunidad de acompañar a diferentes organizaciones sociales en sus procesos de transformación digital. Todas comparten un reto común: hacer más con recursos limitados. La tecnología les permite precisamente eso: multiplicar su capacidad de actuación sin perder de vista lo verdaderamente importante.

Una de las grandes oportunidades que estamos viendo está en los datos. Muchas organizaciones llevan años recopilando información de enorme valor, pero hasta hace poco era muy difícil convertirla en conocimiento útil. Hoy, gracias a las plataformas de datos, la analítica avanzada y la inteligencia artificial, esa información ayuda a tomar mejores decisiones, priorizar recursos e incluso anticipar necesidades.

La inteligencia artificial está acelerando esta evolución. Pero, al contrario de lo que muchas veces se piensa, no se trata de sustituir a las personas. Se trata de liberar tiempo para que puedan dedicarse a aquello que realmente aporta valor.

Ya estamos viendo ejemplos muy interesantes. Organizaciones que utilizan IA para evaluar proyectos sociales con mayor rapidez, analizar grandes volúmenes de documentación o agilizar procesos que antes requerían horas de trabajo manual. Otras comienzan a incorporar agentes inteligentes que ayudan a localizar información dispersa, facilitar la toma de decisiones o dar soporte a sus equipos en el día a día.

En proyectos relacionados con la infancia ya estamos viendo resultados muy interesantes. En Save the Children, por ejemplo, el uso de plataformas de datos y analítica permite disponer de una visión mucho más completa de las interacciones con donantes y activistas, optimizando las campañas de captación de fondos y facilitando una toma de decisiones basada en datos.

También estamos comprobando cómo la IA puede convertirse en una herramienta de enorme valor en organizaciones como Fundación ANAR, donde ayuda a analizar grandes volúmenes de información relacionados con casos de acoso escolar o violencia para facilitar el trabajo de los profesionales. O en iniciativas como Proyecto Minerva, desarrollado junto a Down España, donde la inteligencia artificial generativa permite ofrecer información adaptada cognitivamente, favoreciendo una mayor autonomía de las personas con síndrome de Down y reduciendo los tiempos de actualización de contenidos de semanas a apenas unas horas. Son ejemplos que demuestran que, cuando la tecnología se diseña pensando en las personas, su impacto va mucho más allá de la eficiencia.

Pero todo esto solo tiene sentido si se construye sobre una base sólida.

Las organizaciones sociales gestionan algunos de los datos más sensibles que existen: información de menores, familias vulnerables o personas en riesgo de exclusión. Por eso, cualquier proyecto tecnológico debe apoyarse en una estrategia clara de gobierno del dato, ciberseguridad y uso responsable de la inteligencia artificial. Innovar nunca puede significar poner en riesgo la confianza de quienes más necesitan protección.

Otro aspecto que considero fundamental es entender que la transformación digital no empieza con la tecnología, sino con las personas.

Podemos implantar las mejores plataformas del mercado, pero si los equipos no las adoptan, no confían en ellas o no entienden cómo pueden ayudarles en su trabajo diario, el proyecto nunca alcanzará todo su potencial. La formación, el acompañamiento y el cambio cultural son tan importantes como la propia tecnología.

Quizá esa sea una de las mayores diferencias entre trabajar con organizaciones sociales y hacerlo en otros sectores. Aquí el éxito no se mide únicamente en indicadores tecnológicos. Se mide en el tiempo que un trabajador social recupera para atender a una familia, en la capacidad de una ONG para llegar a más beneficiarios o en la posibilidad de tomar mejores decisiones con los mismos recursos.

En Devoteam, colaborar con este tipo de organizaciones también supone un aprendizaje constante. Nos recuerda que la innovación no consiste únicamente en implantar nuevas herramientas, sino en generar un impacto tangible en la vida de las personas.

La inteligencia artificial seguirá evolucionando a gran velocidad. Llegarán nuevos modelos, agentes más capaces y herramientas cada vez más potentes. Pero el verdadero reto no será tecnológico, sino humano: saber utilizar toda esa capacidad para construir organizaciones más eficientes, más transparentes y, sobre todo, más útiles para la sociedad.

Porque, después de años trabajando junto al tercer sector, hay una conclusión que tengo clara: pocas veces la tecnología demuestra tanto su valor como cuando ayuda a quienes más lo necesitan. Ese es, probablemente, el mejor ejemplo de que la innovación tiene sentido cuando está al servicio de las personas.

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