Los agentes de inteligencia artificial disparan el riesgo en el email corporativo
- Seguridad
Estos agentes ya envían correos con datos sensibles como parte de procesos de negocio, pero muchas organizaciones no aplican controles equivalentes a los usados para proteger el correo entrante. Proofpoint recomienda tratarlos como remitentes no humanos de alto volumen, con límites normativos y supervisión continua.
Los agentes de IA se han integrado de forma masiva en los flujos de trabajo corporativos, generando actualizaciones para clientes, activando alertas, notificando a colaboradores o coordinando procesos entre sistemas. En muchos casos, su función es tan simple como enviar correos electrónicos, y precisamente esa sencillez hace que el riesgo pase desapercibido. Según Proofpoint, estos mensajes pueden contener información protegida como datos de clientes, registros de empleados, detalles financieros, contenido legal, código fuente o planes de negocio confidenciales.
Fernando Anaya, country manager de Proofpoint para España y Portugal, advierte que cuando un agente de IA envía un correo a través de una plataforma SaaS o un remitente de terceros sin controles coherentes, la organización pierde visibilidad y control en el momento en que el mensaje sale de su perímetro. “Las estrategias tradicionales de seguridad del correo electrónico se centran en amenazas entrantes —phishing, malware, BEC o usurpación de cuentas—, pero los flujos basados en agentes amplían el perímetro y exigen controles equivalentes para el correo saliente”, señala.
Controles normativos para evitar fugas de datos
Proofpoint señala que los agentes de IA no son inseguros por naturaleza, pero sí requieren los mismos controles disciplinados que cualquier sistema autorizado para enviar emails de confianza. Sin ellos, el correo generado por agentes puede introducir riesgos como exceso de divulgación de información protegida, errores de enrutamiento, cifrado irregular, abuso de dominio o brechas de cumplimiento. Una vez que un mensaje sensible llega al buzón equivocado, la organización entra en modo de respuesta, y los intentos de recuperación son poco fiables. La única estrategia eficaz es evitar que los mensajes de riesgo salgan o aplicar automáticamente las protecciones adecuadas antes de la entrega.
Anaya subraya que estos riesgos aumentan a medida que los agentes ganan autonomía y el volumen de correo crece. Un humano puede detenerse antes de adjuntar un archivo, pero un agente de IA ejecuta exactamente lo que se le indica, repetidamente y a velocidad de máquina.
Aun así, Proofpoint insiste en que las organizaciones no necesitan frenar la adopción de IA para reducir el riesgo del correo saliente. La clave es tratar a los agentes como remitentes no humanos de alto volumen, con límites normativos claros y supervisión continua.
Las medidas que deberían adoptar las organizaciones para preservar la productividad de los agentes de IA sin comprometer la seguridad incluyen inventariar los agentes de IA y las aplicaciones que pueden enviar correos internos o externos; clasificar los tipos de información protegida a los que esos flujos pueden acceder y transmitir; enrutar el correo transaccional y el generado por agentes a través de un servicio centralizado con autenticación, registro y aplicación de políticas; aplicar políticas de DLP y cifrado basadas en la sensibilidad del contenido, el dominio del destinatario y el contexto empresarial; y revisar continuamente la autorización de remitentes, la alineación de dominios, los patrones de entrega y los resultados de las políticas.
Proofpoint concluye que la productividad de los agentes de IA solo será sostenible si las organizaciones adoptan una gobernanza estricta del correo saliente, evitando que la automatización se convierta en una nueva vía de fuga de datos.