Las empresas aumentan un 31% su inversión en IA, pero tienen dificultades para probar su valor
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El 79% de las organizaciones incrementó su inversión en inteligencia artificial durante el último año, si bien el 71,5% carece de visibilidad integral sobre la adopción y resultados de la IA. Los directivos consideran que los principales obstáculos son las personas y los procesos, no la tecnología.
La adopción de la inteligencia artificial continúa acelerándose en las empresas de todo el mundo. Según el informe HTEC AI Value Realization Report 2026, el 79% de las organizaciones aumentó sus inversiones en IA durante el último año, con un crecimiento medio del gasto del 31%.
Sin embargo, el incremento de la inversión no se está traduciendo automáticamente en una creación de valor clara y sostenible. El 77% de los ejecutivos considera que las limitaciones para obtener resultados de la inteligencia artificial están hoy más relacionadas con las personas y los procesos que con la propia tecnología.
Según Alex Rumble, director de marketing de HTEC, “el debate empresarial sobre IA está evolucionando rápidamente. El desafío ya no consiste en acceder a la tecnología o identificar posibles casos de uso, sino en demostrar que las inversiones generan resultados de negocio tangibles”.
La investigación también detecta importantes diferencias entre industrias. El sector de las telecomunicaciones aparece como uno de los más avanzados, con un 52% de las organizaciones afirmando que ya escalan iniciativas consolidadas de IA o se consideran empresas nativas en esta tecnología. En el extremo contrario se sitúa la sanidad, donde el 28% de las organizaciones continúa en fases iniciales de exploración y evaluación.
La reducción de costes deja de ser la principal prioridad
Uno de los cambios más significativos detectados por el estudio es la evolución de los objetivos perseguidos con la inteligencia artificial. Solo el 18% de los directivos sitúa actualmente la reducción de costes entre los principales beneficios esperados de la IA. En su lugar, ganan protagonismo aspectos como la mejora de la toma de decisiones, el aumento de la productividad, la mejora de la experiencia de cliente, la innovación y la aceleración del tiempo de llegada al mercado.
Los objetivos perseguidos también cambian según la actividad. Mientras las entidades financieras y las telecomunicaciones priorizan mejorar la calidad de la toma de decisiones, la industria manufacturera se centra principalmente en la productividad. Por su parte, automoción, salud y ciencias de la vida ponen el foco en acelerar el lanzamiento de productos y servicios al mercado.
Esta ampliación de expectativas está elevando también la complejidad de la medición. Las organizaciones utilizan indicadores muy diferentes para evaluar el rendimiento de sus inversiones en IA y todavía no existe un modelo común que permita medir el valor generado de forma homogénea.
El informe identifica un importante déficit de visibilidad sobre el uso real de la inteligencia artificial dentro de las organizaciones. Solo el 27% de las empresas ha comunicado de forma clara y estructurada los objetivos y resultados esperados de sus iniciativas de IA a toda la organización.
Además, el 71,5% reconoce no disponer de una visión integral sobre la adopción, utilización y resultados de la inteligencia artificial a escala corporativa. Muchas compañías siguen dependiendo de informes parciales, métricas aisladas por departamentos o valoraciones informales para evaluar el impacto de la tecnología.
Esta falta de visibilidad ya está generando consecuencias prácticas. Cerca de una cuarta parte de los directivos afirma haber experimentado incrementos inesperados de costes asociados al uso de IA por la ausencia de mecanismos adecuados de seguimiento. Otro 26% señala una dependencia mayor de la prevista respecto a proveedores y socios externos.
Los agentes de IA elevan las exigencias de control y gobernanza
La situación se vuelve más compleja a medida que los sistemas de inteligencia artificial adquieren mayores niveles de autonomía. El estudio muestra que únicamente el 14% de las organizaciones mide de forma sistemática los riesgos asociados a la IA en el conjunto de su cartera tecnológica.
Al mismo tiempo, las políticas de supervisión humana, responsabilidad y control presentan grandes diferencias entre organizaciones, lo que evidencia que los mecanismos de gobernanza todavía no evolucionan al mismo ritmo que la adopción tecnológica.
Según Lawrence Whittle, director de estrategia de HTEC,” la inteligencia artificial representa un desafío diferente al de otras tecnologías anteriores porque ya no solo proporciona información, sino que cada vez tiene una mayor capacidad para actuar de forma autónoma. Por ello, es imprescindible definir con claridad los modelos de supervisión, riesgo y responsabilidad”.
La principal conclusión del estudio es que la nueva etapa de la inteligencia artificial estará marcada menos por la tecnología y más por la capacidad de las organizaciones para gestionar su transformación interna. Para HTEC, las empresas que obtengan una ventaja competitiva sostenible serán aquellas capaces de comprender dónde se está generando valor, dónde aparecen costes o riesgos y cómo deben evolucionar sus procesos, modelos operativos y estructuras organizativas para aprovechar plenamente el potencial de la IA.