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Cómo preparar una ciudad para la incorporación de coches autónomos

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No todas las ciudades estarán preparadas para aprovechar todas las ventajas de la introducción de los vehículos autónomos y conectados. Antes de su llegada, tendrán que abordar una serie de transformaciones, según pone de relieve un reciente estudio de Siemens.

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La llegada de los coches autónomos y totalmente conectados supondrá cambios importantes para las ciudades en el futuro, con importantes beneficios asociados a la movilidad, a la sostenibilidad medioambiental o a la reducción de la siniestralidad. Así lo confirma un estudio de Siemens en el que la firma analiza el impacto de estos vehículos en el desarrollo urbano.

Sin embargo, esta transición se tiene que planificar para que los efectos de su despliegue no sean negativos. Para poder beneficiarse de la introducción de este tipo de vehículos, Siemens recomienda en el informe aprovechar el avance de cuatro transformaciones cruciales para el futuro de las ciudades y que deberían abordarse de forma simultánea: automatización, electrificación, conectividad digital y movilidad compartida.

Y para ver el impacto de estos cambios, el estudio lo aplica en tres escenarios posibles, para observar cómo los resultados pueden variar según la visión y las políticas que una ciudad ponga en práctica.

El escenario de ciudad fuerte es el que asume que la movilidad compartida se convierte en la norma general, por lo que la propiedad privada de automóviles disminuye, el espacio de estacionamiento se desbloquea y se reconvierte en escuelas, hospitales y nuevas unidades de vivienda. En este escenario, la mayoría de los vehículos serían eléctricos y funcionarían con redes de energía limpia.

El escenario business-as-usual proporciona una perspectiva de movilidad futura que no está guiada por una visión coherente o por políticas efectivas. Las supuestas revoluciones en la automatización y electrificación de vehículos no se elevan a escala y el uso privado del vehículo sigue siendo la norma. De esta forma, se desbloquearía poco terreno urbano y solo una minoría de CAV serían eléctricos.

En el escenario CAV-como-un-lujo, el CAV sigue siendo una rareza exclusiva, la propiedad privada de automóviles es la norma y los vehículos compartidos y los viajes compartidos siguen siendo un concepto diferente. Por tanto, el uso del transporte público disminuye rápidamente con el tiempo. En este escenario, los vehículos promoverían viajes individuales y utilizarían motores de combustión interna, causando más emisiones de CO2 que nunca.