Las empresas aún no capturan el valor de la IA pese a su reconocimiento estratégico

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Aunque la mayoría de los ejecutivos reconoce su importancia estratégica, la adopción efectiva de la inteligencia artificial avanza de forma desigual entre sectores y regiones. La falta de inversión, formación y rediseño operativo frena la llegada de retornos tangibles.

El estudio 300,000 voices, elaborado por Oliver Wyman a partir de encuestas en más de 16 países, confirma que la inteligencia artificial se ha convertido en un pilar estratégico para las organizaciones. El 97% de los ejecutivos reconoce su valor, pero solo el 35% afirma que su compañía cuenta con una estrategia clara y bien comunicada. La distancia entre intención y ejecución se hace evidente en un dato clave: solo un 5% declara obtener un retorno significativo de la inversión en IA.

El informe analiza la llamada curva J de la productividad, un periodo inicial en el que las empresas deben realizar grandes inversiones antes de ver resultados, lo que provoca la sensación de estancamiento o retroceso. Como explica Pilar de Arriba, socia de Telecomunicaciones, Medios y Tecnología, y líder de la plataforma de Performance Transformation de Oliver Wyman, “capturar el valor de la IA no es cuestión de paciencia ni de multiplicar la inversión: hace falta rediseñar operaciones e incentivos, formar a la plantilla y comunicar con claridad práctica”.

 

Diferencias marcadas entre sectores y regiones

El estudio muestra que la madurez en IA varía ampliamente según la industria. El sector tecnológico lidera la inversión y adopción, mientras que telecomunicaciones destaca por integrar la IA en operaciones centrales y por su disciplina en la implementación.

En servicios financieros, la estrategia y comunicación son sólidas, pero no siempre se traducen en cambios operativos, en parte por el temor a la sustitución de empleo. Un 65% de los empleados está preocupado por ser reemplazado, recoge el informe. En manufactura, por el contrario, la apertura de los empleados a trabajar con IA es notablemente mayor, lo que acelera la adopción.

A nivel geográfico, Europa avanza más despacio que otras regiones debido a una menor confianza —solo el 20% de los empleados confía plenamente en la IA— y a una inversión pública limitada. Aun así, registra el mayor crecimiento interanual en adopción de IA en el trabajo (13%) entre 2024 y 2025.

En el caso de España, la inversión privada es significativamente inferior a la de otros países europeos (12,9 frente a 27,9 en el OWF spending score). Además, el 53% de los empleados teme perder su empleo por la IA, lo que genera una vulnerabilidad estructural: menor inversión, menor innovación y mayor dependencia de países que sí avanzan.

 

Realización profesional, formación y riesgo de fuga de talento

El informe subraya que la transformación con IA es, ante todo, una transformación de personas. No basta con desplegar modelos, es necesario cambiar la forma de trabajar. Para Alberto Mateos, líder de la plataforma de IA y de la industria de Servicios Financieros de Oliver Wyman, “las transformaciones exitosas han sido pragmáticas en la base e iterativas en la ambición y la entrega. El reto más complejo es ayudar a los líderes a visualizar cómo serán esas organizaciones del futuro, que combinan a humanos e IA, cada uno haciendo lo que hace mejor”.

El concepto de última milla —convertir pilotos en adopción real— aparece como el factor decisivo para que la curva J empiece a ascender.

El estudio también analiza cómo la IA está reconfigurando las prioridades laborales. Desde 2023, la falta de realización profesional se ha convertido en la segunda queja más citada en el entorno laboral. En España, el 54% de los empleados afirma sentirse realizado, pero se observa un fenómeno singular: el uso de IA es mayor entre quienes no se sienten realizados (62%) que entre quienes sí lo están (59%), lo contrario que en Europa.

Además, el 51% de los empleados españoles que no se sienten realizados aspira a puestos de liderazgo, frente al 42% en Europa, lo que indica una ambición creciente y una posible tensión entre expectativas y oportunidades.

La demanda de formación se ha duplicado en cinco años, pero dos de cada tres empleados creen que no están desarrollando las competencias necesarias. España presenta una brecha mayor entre oferta y demanda de formación (6%) que Europa (2%) y el promedio global (4%). La mayor demanda se concentra en habilidades específicas del rol, donde la oferta empresarial es insuficiente.