McKinsey estima una inversión de 769.000 millones de dólares en infraestructura de IA

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La inteligencia artificial redefine la infraestructura digital, acelera la evolución de las amenazas de ciberseguridad y obliga a las empresas a adaptar sus modelos operativos. La inferencia de IA puede representar hasta el 40% del consumo energético de los centros de datos en 2030.

La inteligencia artificial se consolida como el principal motor de inversión tecnológica a escala mundial. Según el informe Technology Trends Outlook 2026, elaborado por McKinsey & Company, la inversión global en infraestructura de IA alcanza los 769.000 millones de dólares y está impulsando profundas transformaciones en ámbitos como los centros de datos, los semiconductores, la ciberseguridad y la gestión energética.

El análisis identifica 14 tendencias tecnológicas emergentes agrupadas en torno a tres grandes ejes: la revolución de la inteligencia artificial, las nuevas capacidades de computación y conectividad y la ingeniería avanzada. Entre ellas destacan el software agéntico, la IA aplicada a la investigación científica, las plataformas de infraestructura para modelos de IA, la ciberseguridad avanzada, la computación cuántica y la robótica.

 

La inferencia de IA dispara la demanda de infraestructura

Uno de los principales cambios que detecta McKinsey es el creciente peso de la inferencia, es decir, la ejecución cotidiana de aplicaciones de IA en entornos empresariales y de consumo. La consultora estima que esta actividad puede representar entre el 30% y el 40% de la demanda energética de los centros de datos en 2030.

Este crecimiento está acelerando las inversiones en chips especializados y arquitecturas optimizadas para IA. Los grandes proveedores cloud y los fabricantes de semiconductores trabajan en el desarrollo de nuevas generaciones de procesadores capaces de mejorar el rendimiento y reducir el consumo energético asociado a los modelos avanzados.

El informe también pone el foco en la infraestructura energética necesaria para sostener el crecimiento de la economía digital. McKinsey alerta de que el despliegue de centros de datos avanza más rápido que el desarrollo de redes eléctricas, transformadores y otras infraestructuras críticas.

La consultora estima que más de 2.500 GW de proyectos energéticos permanecen pendientes de conexión a las redes de distribución, mientras que la inversión en tecnologías energéticas y sostenibles mantiene un fuerte ritmo de crecimiento para responder a las necesidades de la inteligencia artificial y la digitalización.

 

La IA también transforma el panorama de la ciberseguridad

El informe advierte de que la inteligencia artificial está reduciendo drásticamente los tiempos de reacción de los ciberdelincuentes. McKinsey señala que el intervalo entre la detección de una vulnerabilidad y su explotación activa ha pasado de más de 800 días en 2018 a menos de 16 horas en 2026.

Además, más del 75% de las vulnerabilidades explotadas corresponde a ataques de tipo zero day. A ello se suma un incremento significativo de los ataques dirigidos contra aplicaciones expuestas a Internet y del número de grupos activos de ransomware y extorsión.

Ante este escenario, las organizaciones están reforzando estrategias basadas en modelos zero trust, monitorización continua y protección de identidades, incluyendo aquellas que ya no corresponden únicamente a usuarios humanos, sino también a bots, agentes autónomos y sistemas automatizados.

 

El software agéntico gana protagonismo empresarial

Otra de las tendencias que destaca el informe es el avance del software agéntico, capaz de planificar tareas, generar código, corregir errores y ejecutar procesos con un elevado nivel de autonomía.

McKinsey calcula que estas tecnologías pueden generar hasta un billón de dólares en valor empresarial. Sin embargo, también advierte de que su adopción exige nuevos mecanismos de supervisión y gobernanza para evitar riesgos asociados a la calidad del software, el control operativo y la seguridad.

Según Benjamin Vieira, socio senior de McKinsey & Company, “el principal desafío para las organizaciones ya no consiste únicamente en acceder a las tecnologías más avanzadas, sino en desarrollar la capacidad organizativa necesaria para gestionar sistemas cada vez más autónomos”.

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