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Nuevos enfoques para seguir creciendo en el entorno digital: el caso de Altia

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Con una trayectoria de 24 años a sus espaldas, la empresa gallega de servicios tecnológicos tiene unos objetivos ambiciosos y ansias de seguir creciendo. Lo hará potenciando su oferta digital.

La empresa que preside Tino Fernández está a punto de cumplir el cuarto de siglo, tiene un equipo de 1.000 profesionales y cotiza en el MAB desde 2010. Con una capitalización bursátil de 113 millones, las cosas no le van mal si le sumamos el resto de cifras de negocio. A saber: cerró 2017 con unos ingresos de 65 millones y un margen neto del 9,5%, y ha cerrado los primeros seis meses de 2018 con una facturación de 34,9 lo que confirma que sigue creciendo, ya que en el mismo semestre del año pasado ese volumen era un 18,7% inferior. Los beneficios también han crecido un 23,4% hasta los 3,3 millones si se compara con los mismos datos de 2017.

Dicho de otra manera, si se mira su plan de negocio, ya ha superado el 50% en las principales magnitudes de la cuenta de resultados y esto lleva a la siguiente derivada si la ejecución en el segundo semestre sigue los mismos parámetros que los obtenidos en la primera mitad de 2018. “El importe neto de la cifra de negocio prevista para 31 de diciembre de 2018 se sitúa en los 69,3 millones de euros con un margen ebitda de un 13,4% y un margen neto de un 9,1%”, explica Ignacio Cabanas, su director económico-financiero y consejero de la firma.

La idea es concluir 2019 con una facturación de 77 millones.

Más centrados en lo digital
La compañía, muy fuerte en el sector público y con clientes en el sector privado de la talla de Inditex, FCC Aqualia, Telefónica o Avantia, da una vuelta de tuerca a su estrategia para reunir en un porfolio su oferta en transformación digital en torno a las áreas de gestión del dato, omnicanalidad, IoE (Internet de todas las Cosas), proyectos smart y ciberseguridad, entre otras.

 

Ayúdanos a conocer cuáles son las tendencias tecnológicas que se impondrán en la empresa el próximo año y más allá, y cómo se está construyendo el futuro digital.

Con este movimiento, Altia quiere reafirmar su compromiso con la transformación de sus clientes en un mercado cada vez más digital porque, como explica Tino Fernández, “nos pagan por preocuparnos y entender lo que viene”, tanto en tecnología como en modelos de relación con el cliente.

El máximo responsable de Altia apuesta así por el crecimiento, que vendrá en parte por los valores de la compañía: independencia de proveedores y tecnologías, rentabilidad y solidez, internacionalización, talento comprometido y formado e innovación.

En definitiva, quiere aprovechar sus fortalezas tradiconales y potenciar su presencia en el área de digitalización, en la que cuenta con numerosos casos de éxito que respaldan la creciente demanda de herramientas para la transformación digital. Es el caso el caso de la EPO (Oficina Europea de Patentes), donde Altia es una de las cinco firmas europeas homologadas en la prestación de servicios tecnológicos; el nuevo desarrollo informático de la Bolsa Nacional de Empleo (BNE) de Chile, dependiente del Ministerio de Trabajo y Previsión Social; el sistema de licitación electrónica del Banco de España; la plataforma para la integración de reservas de Iberostar; o la puesta en marcha de diferentes Proyectos Smart, como el recientemente adjudicado proyecto de Smart Lugo.

La compañía, como ha explicado Alberto Loureiro, el director de su oficina de Madrid, (por cierto, que ésta debe de ser un “motor de crecimiento para Altia”, ha dicho) agrupa sus ingresos en siete grandes líneas de negocio: outsourcing y mantenimiento, principal línea de negocio caracterizada por su recurrencia que supone un 75% del total de ingresos; servicios gestionados, prestados a través de la actividad de sus Data Centers; suministro de infraestructuras de hardware y software, línea que ha crecido desde la compra y absorción el año pasado de una compañía del grupo que se dedicaba a esa actividad de manera exclusiva; desarrollo de aplicaciones informáticas; y consultoría tecnológica; soluciones propias e implantación de soluciones informáticas de terceros, se reparten el resto.