La soberanía digital se consolida como prioridad estratégica para las organizaciones

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El 59% de las empresas considera que alcanzar una soberanía digital plena no es un objetivo realista, mientras la mayoría apuesta por proteger las operaciones críticas, controlar las capacidades tecnológicas esenciales y reducir la dependencia de proveedores únicos.

La soberanía digital ocupa un lugar destacado en las agendas de los órganos de dirección, aunque las organizaciones descartan, en buena medida, la posibilidad de alcanzar una independencia tecnológica absoluta. Según el informe “Soberanía digital: de la ambición política al imperativo ejecutivo”, elaborado por el Capgemini Research Institute a partir de una encuesta a 1.300 ejecutivos empresariales y tecnológicos, el 59% considera que la soberanía digital plena no constituye un objetivo realista.

Frente a la búsqueda de una autonomía tecnológica completa, las organizaciones adoptan un planteamiento más pragmático, centrado en proteger las operaciones críticas, conservar el control sobre las capacidades digitales estratégicas y reducir la dependencia de un único proveedor.

 

La dependencia tecnológica aumenta la exposición al riesgo

La expansión de la computación en la nube, la inteligencia artificial y la transformación digital ha incrementado la dependencia de un reducido grupo de grandes proveedores tecnológicos. Esta concentración, unida a las tensiones geopolíticas y a las alteraciones de las cadenas de suministro, pone de manifiesto la exposición de las organizaciones ante posibles interrupciones.

El Índice de Soberanía Digital de Capgemini, basado en el análisis de 866 organizaciones de Estados Unidos, Europa y la región Asia-Pacífico y estructurado en cinco dimensiones de soberanía, señala que el 86% presenta una exposición significativa a cadenas de suministro extranjeras o bajo control exterior.

Las principales fuentes de vulnerabilidad identificadas son la dependencia de proveedores extranjeros, la concentración de la base de suministradores, la escasa visibilidad sobre la cadena de suministro y los elevados plazos necesarios para cambiar de proveedor.

La preparación ante posibles interrupciones también presenta diferencias regionales. Solo el 42% de las organizaciones que han sufrido interrupciones operativas dispone de planes de contingencia. Estados Unidos registra el mayor nivel de preparación, con casi dos tercios de las organizaciones dotadas de este tipo de mecanismos, frente a algo más de un tercio en Europa y APAC.

 

La soberanía digital entra en la agenda de los consejos de administración

El 44% de las organizaciones considera la soberanía digital como la máxima prioridad de sus consejos de administración. Esta relevancia se refleja en la adopción de medidas concretas: casi cuatro de cada cinco organizaciones están aplicando o desarrollando una estrategia específica, mientras otra quinta parte contempla su puesta en marcha.

La preocupación por garantizar la continuidad de las operaciones empresariales críticas ante un escenario geopolítico incierto constituye uno de los principales factores detrás de estas iniciativas. Más de tres cuartas partes de las organizaciones manifiestan un elevado nivel de preocupación en este ámbito.

La resiliencia operativa frente a la volatilidad y las perturbaciones geopolíticas constituye el principal factor asociado a las iniciativas de soberanía digital para cuatro de cada cinco encuestados.

Entre las áreas tecnológicas prioritarias destaca la inteligencia artificial, identificada por tres cuartas partes de las organizaciones como un ámbito estratégico dentro de sus planes de soberanía. La relevancia es especialmente elevada en sectores como el aeroespacial, la defensa y el transporte, debido a su dependencia de infraestructuras, información y operaciones críticas.

“Las organizaciones operan en ecosistemas tecnológicos altamente interconectados en los que rara vez es posible alcanzar una independencia total. Por lo tanto, la soberanía digital no consiste en alcanzar una autonomía total, sino más bien en garantizar que las organizaciones comprendan claramente sus dependencias tecnológicas, con el fin de recuperar el control y la flexibilidad necesarios para gestionar los riesgos”, afirma Karine Brunet, directora de Operaciones y Ejecución de Capgemini y miembro del Comité Ejecutivo del Grupo.

Brunet añade que esta visión permite establecer una hoja de ruta pragmática acorde con los objetivos estratégicos de cada organización, teniendo en cuenta factores como la localización de los datos, el control de acceso, las operaciones y las limitaciones regulatorias y tecnológicas. El reto, señala, reside en reforzar la resiliencia sin comprometer la competitividad, la innovación y el crecimiento.

 

Diferencias regionales en la estrategia de soberanía

La interpretación de la soberanía digital presenta matices según la región. En APAC (41%), Europa continental (52%) y Reino Unido (56%), las organizaciones la relacionan principalmente con la mitigación de riesgos y el refuerzo de la resiliencia.

En Estados Unidos, en cambio, el 52% la vincula principalmente con el cumplimiento normativo, frente al 40% que la considera una herramienta para reforzar la resiliencia.

También existen diferencias en el nivel de preocupación por la continuidad de las operaciones críticas ante la incertidumbre geopolítica, con una mayor inquietud entre las organizaciones de APAC y Europa continental que entre las de Estados Unidos y Reino Unido.

Pese a estas diferencias, existe un amplio consenso sobre la imposibilidad de alcanzar una independencia tecnológica absoluta. Dos tercios de las organizaciones a escala mundial definen la soberanía digital en términos de interdependencia resiliente, una concepción especialmente extendida en Europa, donde alcanza el 75%, frente al 50% registrado en Estados Unidos.

 

Desarrollo interno y colaboración para reforzar las capacidades

Las organizaciones también combinan diferentes vías para alcanzar sus objetivos de soberanía digital. Más de dos tercios de las entidades encuestadas prevén combinar el desarrollo interno con la colaboración externa para construir y controlar sus capacidades tecnológicas.

El modelo presenta diferencias regionales. Las organizaciones estadounidenses conceden mayor importancia a la colaboración dentro del ecosistema tecnológico y a las alianzas sectoriales, con el objetivo de desarrollar capacidades compartidas, que las organizaciones de APAC y Europa.

 

La falta de visibilidad y los costes dificultan la soberanía

La ejecución de las estrategias de soberanía digital se enfrenta a varios obstáculos. Solo el 14% de las organizaciones afirma disponer de una visibilidad integral sobre las dependencias existentes en todo su ecosistema tecnológico, una carencia que dificulta valorar la exposición a riesgos geopolíticos y a posibles problemas asociados a los proveedores.

La dependencia de suministradores tecnológicos críticos constituye otro de los principales desafíos. El 36% de las organizaciones señala que sustituir a un proveedor crítico requeriría más de 12 meses, mientras que una de cada diez no dispone de ningún proveedor alternativo viable.

El factor económico añade otra dificultad. Algo menos de la mitad de las organizaciones está dispuesta a asumir una “prima de soberanía digital”, estimada en un 23% de media. Este dato refleja la tensión entre el refuerzo de los requisitos de soberanía, los costes asociados y la necesidad de preservar la competitividad.

En este contexto, la soberanía digital se configura como un modelo de control, resiliencia y capacidad de elección tecnológica, más orientado a gestionar dependencias estratégicas que a eliminarlas por completo.

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