La identificación dinámica eleva la confianza en toda la experiencia de pago del cliente

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Tratar a todos los consumidores de la misma manera en el proceso de pago puede causar pérdidas en ventas. Los sistemas online tradicionales suelen ser rígidos, mostrando las mismas opciones y pasos de seguridad a todos los usuarios, independientemente de su historial o sus preferencias.

Esta falta de flexibilidad tiene consecuencias directas: casi la mitad de los usuarios (46%) se iría si su método de pago preferido no está disponible, según datos de la plataforma global de tecnología financiera Adyen. Por tanto, replantearse la identidad del comprador, equilibrando personalización y rentabilidad en este último paso del viaje del cliente, es crucial para aumentar la conversión y capturar más ingresos para los negocios.

Ese futuro hacia el que evoluciona el checkout o la etapa final de cualquier compra online presenta una disyuntiva difícil: las empresas deben ofrecer opciones de pago flexibles al mismo tiempo que reducen las tarifas de procesamiento. Hacer de este cambio estratégico una realidad, incluso automatizada, resulta posible gracias al conocimiento existente sobre pagos.

 

La IA cambia las reglas de la identidad tradicional

En este contexto, la identidad estática ha llegado a su límite. Los documentos, las contraseñas, las herramientas Know Your Client (KYC) o las revisiones manuales ya no son suficientes para verificar una identidad. La IA permite ahora identificar proactivamente la combinación óptima de métodos de pago para un negocio concreto en el momento de la compra, reconociendo a los compradores individualmente en tiempo real y reorganizando las opciones de pago según sus preferencias antes de que hagan clic en pagar.

Esta identificación dinámica del comprador, impulsada por la IA, se basa en un modelo de confianza construido a partir de billones de interacciones. Estas interacciones incluyen acciones tan cotidianas como cuando el usuario usa el transporte público, compra su almuerzo o hace un pedido. Todas esas señales, dentro de su contexto y sostenidas a lo largo del tiempo, tanto en comercio online como presencial, forman una huella financiera acerca de una persona casi imposible de falsificar. La identidad adquiere una nueva dimensión, el comportamiento, que refleja fielmente la realidad. Combinada con supervisión bancaria global y una tecnología unificada, se convierte en una firma viva y en evolución que se fortalece con cada transacción.

 

Mayor tasa de conversión y menores costes de procesamiento

Los comercios se expanden sobre una nueva infraestructura de confianza que conecta las señales de extremo a extremo, desde el pago hasta el desembolso, desde la incorporación hasta el riesgo, y desde la autenticación hasta la liquidación. La identificación dinámica mejora los resultados en todo el ciclo de vida del cliente. Con cada ciclo, el sistema se vuelve más inteligente, robusto, seguro y eficiente. Las tasas de aprobación aumentan, la fricción se minimiza, el abuso se evita y la incorporación se agiliza.

Gracias a esta aproximación innovadora, los comercios pueden ofrecer una experiencia ágil y amigable que reduce significativamente el abandono de cestas de compra. A través de la solución Adyen Uplift, se ha observado un aumento medio del 1,19% en las tasas de conversión de pago, por encima de la referencia del sector, alcanzando hasta el 6% para algunos clientes, al optimizar enrutamientos y prevenir bloqueos innecesarios por configuraciones ineficientes, logrando además una reducción del 3% en las tarifas de procesamiento.

Sobre los cimientos de una plataforma única, una infraestructura bancaria y una identificación dinámica se establece un nuevo estándar preparado para el futuro del comercio digital. En cuanto los agentes de IA comiencen a realizar transacciones, la identidad dejará de centrarse en quién actúa para enfocarse en si una acción se alinea con un registro fiable. La identificación dinámica se convertirá entonces en la capa de confianza necesaria que asegurará que la identidad no solo esté probada, sino respaldada por un comportamiento económico real.