Centros de datos: la IA impulsa una nueva generación de fábricas

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Victor Gago Schneider Electric

Los centros de datos son la base sobre la que se ha construido la economía digital. El lugar donde residen las aplicaciones, se almacenan los datos y se procesan las operaciones que permiten funcionar a las empresas, administraciones y servicios esenciales. Hoy, la irrupción de la inteligencia artificial nos obliga a ampliar esa definición.

Por Víctor Gago, Data Center and C&SP Sales Manager Cloud Services Providers en Schneider Electric

 

La IA no representa solo una nueva carga de trabajo. Está alterando la propia naturaleza del centro de datos. Cada modelo entrenado y cada nueva aplicación basada en IA requieren un poder de computación significativamente superior a la de generaciones anteriores. El resultado es una demanda creciente de potencia, refrigeración y rendimiento que está obligando a replantear el diseño y la operación de estas instalaciones.

Los datos reflejan esta tendencia. Entre 2025 y 2030, el 60% de los nuevos despliegues de centros de datos estarán asociados a cargas de IA. Detrás de estas cifras hay una realidad evidente: esta tecnología se ha convertido en uno de los principales motores de crecimiento del sector.

 

De centros de datos a “AI Factories”

Cuando hablamos de inteligencia artificial solemos centrar la atención en los modelos, los algoritmos o los casos de uso. Sin embargo, existe una capa menos visible que resulta imprescindible para que todo eso funcione. Me refiero a la infraestructura física.

Toda innovación digital necesita una base tecnológica capaz de soportarla. Ocurrió con Internet, con la nube y, ahora, está ocurriendo con la IA. La diferencia es que las exigencias asociadas a esta última son de una magnitud muy superior. Por eso es cada vez más habitual hablar de AI factories o fábricas de inteligencia artificial.

Este concepto describe con precisión lo que está sucediendo. Los centros de datos ya no se limitan a almacenar información o ejecutar aplicaciones. Su función está evolucionando hacia producción de inteligencia artificial a gran escala (tokens o capacidad). Son entornos diseñados para entrenar modelos, procesar enormes volúmenes de datos y generar capacidades que después se trasladan a procesos industriales, servicios digitales, investigación científica o atención sanitaria.

Así, la IA deja de ser solo una herramienta para convertirse en un motor estructural de transformación. Y ese cambio redefine por completo el rol que desempeñan los centros de datos dentro de la economía digital.

 

Una nueva escala de potencia y rendimiento

Esta transformación se aprecia de forma especialmente clara en la capa física. Las cargas asociadas a la inteligencia artificial están impulsando niveles de densidad energética excepcionales hasta hace bien poco. Actualmente, la densidad de potencia se sitúa entre 30 y 50 kW por rack y determinadas arquitecturas avanzadas ya superan los 100 kW por rack. Esto responde a la necesidad de concentrar una potencia de procesamiento cada vez mayor para responder a las demandas de los modelos de IA.

Ese incremento de densidad también multiplica las necesidades térmicas y energéticas. De hecho, hasta 2030, el 75% de los nuevos despliegues vinculados a la IA requerirán soluciones de refrigeración líquida para soportar semejantes niveles de rendimiento.

Todo ello está impulsando una nueva generación de centros de alta densidad en los que energía, computación y refrigeración deben concebirse como elementos estrechamente relacionados. No basta con añadir más capacidad, es necesario diseñar entornos que puedan operar de forma eficiente bajo condiciones mucho más exigentes.

 

El gran reto: producir más inteligencia con menos energía

La transición hacia fábricas de inteligencia plantea una cuestión que marcará el futuro del sector. A nivel global, los centros de datos representan entre el 1,3% y el 1,5% del consumo eléctrico (AIE). El crecimiento de la IA aumentará la necesidad de recursos computacionales, pero el éxito de esta transformación dependerá de que podamos desacoplar el crecimiento digital del consumo energético.

Ya no se trata de cuánta potencia necesitamos, sino de cómo podemos usarla de forma más eficiente. La competitividad de los centros de datos del futuro estará ligada a la optimización de recursos, la gestión inteligente de la energía y la reducción de su impacto ambiental.

Desde Schneider Electric estimamos que es posible lograr un desacople del 17% entre el crecimiento de los datos y el incremento del uso de energía hasta 2030. Pero alcanzar ese objetivo requiere actuar sobre múltiples variables: eficiencia energética, digitalización, optimización operativa y gestión avanzada de la infraestructura.

La sostenibilidad no es opcional, es un requisito vinculado al propio desarrollo de la inteligencia artificial.

 

Diseñar la infraestructura de la nueva era

Las fábricas de inteligencia deben combinar energía, automatización y digitalización para garantizar capacidad, eficiencia y resiliencia. Este enfoque está impulsando arquitecturas en las que la infraestructura energética, los sistemas de control y las plataformas digitales trabajan coordinadamente para optimizar el rendimiento de todo el entorno.

Es precisamente en este punto en el que Schneider Electric está ayudando a construir la base física de la revolución de la IA. Acompañando a operadores y organizaciones en el diseño de centros de datos preparados para responder a los nuevos requisitos.

La inteligencia artificial está transformando industrias enteras, pero también está cambiando la base que hace posible esa transformación. Los centros de datos evolucionan hacia fábricas de inteligencia capaces de generar conocimiento, innovación y valor a una escala sin precedentes.

La verdadera cuestión no es si la IA seguirá avanzando. La pregunta es cómo construiremos las plataformas necesarias para sostener ese crecimiento de forma eficiente, resiliente y sostenible.