La IA transforma la estrategia empresarial, pero el retorno financiero sigue siendo limitado
- Estrategias
El 89% de las organizaciones utiliza inteligencia artificial en al menos una función de negocio y el 80% de los profesionales percibe mejoras en su productividad, aunque sólo el 37% de las compañías identifica un impacto positivo en su EBIT.
La inteligencia artificial está modificando las decisiones operativas, tecnológicas y presupuestarias de las organizaciones a escala global. Según el informe de QuantumBlack, AI by McKinsey, The State of AI 2026: On the road to ROI (El estado de la IA en 2026: hacia el retorno de la inversión), el 89% de las organizaciones utiliza esta tecnología en al menos una función de negocio y el 80% de los profesionales asegura haber mejorado su productividad gracias a ella.
Sin embargo, la traslación de estas ganancias de eficiencia a los resultados económicos sigue siendo limitada. Solo el 37% de las compañías declara un impacto positivo de la IA en su EBIT. Para McKinsey, esta diferencia entre productividad y rentabilidad evidencia que la obtención de valor requiere mucho más que incorporar herramientas de inteligencia artificial: exige rediseñar de manera integral los procesos de trabajo y el modelo operativo.
El informe también identifica una transformación en las decisiones tecnológicas de las empresas, con una mayor apuesta por el desarrollo interno frente a la adquisición de software comercial. Esta tendencia adquiere especial relevancia entre las organizaciones de mayor tamaño y en sectores como tecnología, salud, servicios profesionales y energía.
Los agentes de IA favorecen el desarrollo de software propio
La integración de agentes de inteligencia artificial en las herramientas de programación está modificando la forma en que las empresas desarrollan sus capacidades tecnológicas. Las organizaciones incorporan estos sistemas a sus procesos de desarrollo y asumen los costes asociados, al tiempo que buscan obtener un mayor valor del uso individual que realizan los empleados.
La adopción de IA alcanza al 89% de las organizaciones en al menos una función empresarial, mientras que el 44% la ha incorporado a gran escala en el conjunto de la compañía. La utilización también se extiende a un número mayor de departamentos: el 56% de las empresas emplea IA en tres o más áreas corporativas.
La dimensión empresarial marca diferencias significativas. Entre las compañías con ingresos superiores a 1.000 millones de dólares, el despliegue masivo de IA alcanza el 54% y el uso de agentes autónomos llega al 40%. En las empresas de menor tamaño, la utilización de estos agentes se sitúa en el 22%.
Los chatbots continúan siendo la aplicación de IA más extendida, con una adopción a escala del 47% de las empresas y del 64% de las grandes corporaciones. Al mismo tiempo, los agentes especializados en programación de software alcanzan al 31% de las grandes organizaciones.
El impacto de estas herramientas se refleja también en las decisiones de compra. El 32% de los encuestados señala que su organización ha dejado de adquirir al menos un producto o funcionalidad de software comercial porque ha podido desarrollarlo internamente mediante agentes de programación.
La apuesta por las capacidades propias presenta una presencia destacada en sectores como tecnología, salud, servicios profesionales y energía, donde cerca del 40% de las empresas aplica este enfoque. Desde una perspectiva funcional, los agentes autónomos concentran su utilización en ámbitos como TI, gestión del conocimiento e ingeniería de software, con niveles de despliegue próximos al 10%.
Carlos Fernández Naveira, socio de McKinsey & Company, señala que algunas organizaciones están obteniendo mayor valor de la IA gracias a una implantación más profunda y a la incorporación de agentes de desarrollo de software. A su juicio, la tendencia empresarial se orienta hacia una mayor autonomía y hacia decisiones más selectivas sobre qué capacidades desarrollar internamente, cómo rediseñar los procesos y qué soluciones adquirir.
La productividad individual no se traduce automáticamente en beneficios
Los resultados del informe muestran una brecha entre las mejoras percibidas por los profesionales y el impacto económico obtenido por las organizaciones.
El 80% de los empleados afirma que la IA ha incrementado su productividad individual, mientras que el 52% considera que les ayuda a adquirir nuevas habilidades y el 50% señala que facilita la toma de decisiones.
La percepción de sus efectos también varía según el nivel profesional. El 47% de los mandos intermedios y empleados identifica presión laboral o efectos negativos asociados a la tecnología, frente al 31% de la alta dirección.
En el ámbito financiero, solo el 37% de las organizaciones atribuye a la IA un impacto positivo en su EBIT. Dentro de este grupo destaca el reducido segmento de empresas high performers, aquellas en las que la inteligencia artificial aporta al menos un 5% al EBIT y genera un valor significativo. Estas compañías representan el 6% del conjunto analizado.
La contribución económica de la IA presenta diferencias según las áreas de negocio. Las principales reducciones de costes se concentran en la cadena de suministro, las operaciones de servicio y la fabricación, mientras que los mayores incrementos de ingresos se asocian a aplicaciones de marketing y ventas, desarrollo de productos e ingeniería de software.
El coste de la IA condiciona su escalabilidad
El coste asociado al procesamiento de datos y los tokens, las unidades básicas de información procesadas por los sistemas de IA, constituye una barrera para el 20% de las empresas. La dificultad es mayor en el sector tecnológico, donde afecta al 25%, y en las instituciones financieras, con un 24%.
A pesar de esta presión sobre los costes, el 28% de las empresas destina más del 10% de su presupuesto tecnológico a la inteligencia artificial. La distribución de esta inversión sitúa a la industria farmacéutica, los seguros y la banca entre los sectores con mayor dedicación presupuestaria.
El impacto sobre el empleo constituye otro de los ámbitos de debate. El 39% de los encuestados contempla reducciones de plantilla asociadas a la IA, mientras que el 43% prevé mantener sus equipos sin cambios. Las previsiones de ajuste se concentran especialmente en operaciones y cadena de suministro.
Las experiencias de las organizaciones muestran, sin embargo, una mayor prudencia en la aplicación de estas medidas. Frente al 32% que había previsto reducciones de personal, solo el 14% llegó a ejecutarlas, mientras que el 66% mantuvo estables sus plantillas. Además, únicamente el 13% de los profesionales manifiesta preocupación por las consecuencias de la IA sobre su futuro laboral.
Las empresas líderes rediseñan sus procesos para obtener valor
El reducido grupo de organizaciones high performers presenta diferencias significativas respecto al resto del mercado. El 74% de estas empresas ha rediseñado por completo sus procesos de trabajo, frente al 25% del resto de organizaciones.
Su estrategia tampoco se limita a la eficiencia o a la reducción de costes. Estas compañías conceden una importancia especial al crecimiento de los ingresos y a la innovación, y presentan una probabilidad tres veces superior de transformar profundamente su modelo de negocio.
También duplican al resto de las organizaciones en la aplicación de determinadas prácticas de gestión. Entre ellas figuran el respaldo directo de la dirección, la integración de la IA en la evaluación del desempeño, la medición precisa del retorno de la inversión y la protección de los sistemas frente a ciberamenazas y actuaciones no autorizadas de los modelos.
Para Carlos Fernández Naveira, el elemento diferencial de estas compañías reside en utilizar la IA no solo como una herramienta de reducción de costes, sino como un mecanismo para replantear la forma de trabajar, generar crecimiento y favorecer la innovación, acompañado de una gestión rigurosa de los riesgos y de una implicación clara de la dirección.
En conjunto, los datos muestran que la incorporación de inteligencia artificial no garantiza por sí misma un mayor rendimiento económico. La diferencia entre adoptar tecnología y convertirla en valor empresarial reside en la capacidad de las organizaciones para transformar procesos, desarrollar capacidades propias, medir el retorno y establecer una gobernanza adecuada.