Aragón en el nuevo mapa de los centros de datos

  • Opinión
Victor Gago - Schneider Electric

En España, la industria de los centros de datos ha entrado en una fase distinta. Las previsiones hablan de hasta 66.900 millones de euros de inversión acumulada hacia el final de la década. Detrás de esa cifra hay algo más que crecimiento. Es un cambio de escala impulsado por el cloud y, sobre todo, por la inteligencia artificial, que está disparando la necesidad de capacidad de procesamiento.

Por Víctor Gago, Data Center and C&SP Sales Manager Cloud Services Providers en Schneider Electric.

 

Este progreso de la industria ya se empieza a notar en el mapa. Madrid sigue concentrando la mayor parte de la capacidad instalada, pero su peso relativo se reduce mientras otras regiones ganan protagonismo. Aragón aparece con una posición cada vez más visible, con unos 152 MW estimados y un papel creciente dentro del conjunto nacional.

Lo interesante no es solo que surjan nuevos polos, sino por qué lo hacen. Aragón encaja en una lógica diferente de despliegue, en la que pesan la disponibilidad energética, el margen de crecimiento y la posibilidad de desarrollar infraestructuras a gran escala. El debate ya no gira únicamente en torno a cuánto se construye, sino a cómo se construye.

 

Aragón y la nueva geografía del dato

Nuestro país está consolidándose como un destino atractivo para este tipo de infraestructuras. El mix eléctrico, con un peso elevado de renovables, y la posición geográfica como punto de conexión entre continentes juegan a favor. A esto se suma la presión que están experimentando los mercados europeos más maduros, donde la falta de espacio y energía limita nuevos desarrollos.

Aquí, Aragón destaca por su capacidad para absorber proyectos de gran tamaño. No arrastra la saturación de otros nodos y ofrece condiciones que permiten pensar en desarrollos en formato campus, con concentraciones de potencia que hace unos años no eran habituales en el país.

También hay un elemento de transformación económica más amplio. La región está atrayendo inversiones vinculadas a la electrificación y a nuevos consumos intensivos de energía. Los centros de datos forman parte de ese movimiento.

 

Energía y red deciden el ritmo real

El acceso y la conexión a la red eléctrica se han convertido en el principal condicionante para que los proyectos del sector avancen. Las cifras lo reflejan con bastante claridad. Existe un volumen significativo de capacidad solicitada -en torno a 8,7 GW- del que solo una parte ha sido adjudicada. A esto se suma que una proporción relevante de capacidad ya concedida aún no está en operación, lo que introduce tensiones en la planificación.

En paralelo, la red presenta niveles elevados de saturación. Esto obliga a pensar en cómo gestionar la energía de forma más activa, no solo en términos de suministro, sino también de optimización del consumo y de adaptación a entornos donde la disponibilidad no siempre es inmediata.

El resultado es un escenario en el que atraer inversión no es el principal desafío. El foco se desplaza hacia la ejecución y la capacidad de alinear desarrollo de infraestructuras, conexión eléctrica y puesta en marcha. En este punto, la diferencia entre territorios empieza a marcarse con claridad. Frente a nodos más tensionados, Aragón ofrece un mayor margen para acompasar crecimiento y disponibilidad energética, determinante a la hora de materializar nuevos proyectos.

 

La irrupción de la IA cambia las reglas

A este escenario se suma un cambio relevante en la naturaleza de las cargas. La IA se consolida como el principal vector de crecimiento del sector y estará asociada al 60% de los nuevos despliegues entre 2025 y 2030.

Este tipo de cargas introduce requisitos técnicos distintos. La densidad de potencia, que actualmente se sitúa entre 30 y 50 kW por rack, evoluciona hacia configuraciones más exigentes, con entornos que alcanzan los 100 kW por rack y más.

En estas condiciones, la refrigeración líquida empieza a formar parte del diseño base en muchos proyectos. Algo similar ocurre con las arquitecturas eléctricas, que evolucionan para dar respuesta a estas nuevas demandas de potencia. Son cambios técnicos que tienen un impacto directo en la localización.

Las infraestructuras pensadas para inteligencia artificial no se despliegan con los mismos criterios que los centros de datos tradicionales. Necesitan espacio, capacidad energética y margen para crecer sin las limitaciones que aparecen en los entornos más saturados. Ahí es donde Aragón vuelve a tener sentido. Su disponibilidad energética relativa y la menor saturación frente a otros nodos le permite responder mejor a estas nuevas exigencias.

 

De proyectos aislados a desarrollos a gran escala

El desarrollo de nuevas infraestructuras ya no se plantea en forma de proyectos aislados. La escala a la que se diseñan muchos de estos despliegues responde a otra lógica, más cercana a entornos donde la capacidad se agrupa y se planifica con recorrido. En Aragón, este tipo de planteamientos encuentra condiciones más favorables para materializarse.

Las exigencias asociadas a la IA empujan hacia configuraciones donde la potencia, la densidad y el crecimiento previsto obligan a pensar en conjuntos más amplios desde el inicio. Así, la energía deja de ser una variable que se resuelve a lo largo del proyecto y pasa a condicionar su planteamiento desde el principio. Lo mismo ocurre con el diseño técnico y con la forma en la que se organiza el despliegue.

A mayor escala, menor margen para ajustes. La eficiencia energética y la gestión del agua pasan a influir directamente en la viabilidad de las infraestructuras. En esta línea trabaja ya Schneider Electric, como partner de tecnología energética en el sector, ofreciendo soluciones from grid to chip and from chip to chiller, orientadas a responder a los nuevos requerimientos de densidad, eficiencia y resiliencia que están marcando la evolución de los centros de datos, con foco en arquitecturas más integradas para entornos de alta densidad y cargas de inteligencia artificial. Esto incluye el codiseño de arquitecturas para AI Factories junto a NVIDIA, para la eficiencia, la escalabilidad y entornos de alta densidad.

Aragón se ha consolidado como uno de los puntos donde este cambio de escala ya es visible. La combinación de capacidad energética, margen de crecimiento y desarrollo de nuevos proyectos lo sitúa en una posición relevante dentro del mapa nacional. 

El reto ahora no es menor. A medida que aumentan la densidad y la exigencia de las cargas, también lo hace la necesidad de planificar mejor, de ajustar los tiempos y de alinear infraestructura y energía desde el inicio. Es ahí donde se va a decidir el ritmo real de crecimiento.

Más que una oportunidad aislada, Aragón representa un anticipo de hacia dónde se dirige el sector. Lo que se está desplegando hoy en la región apunta a cómo serán los centros de datos en España en los próximos años.