El AI Act abre una nueva etapa en la que la transparencia y la alfabetización se vuelven obligatorias

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Europa ha activado el 2 de agosto un nuevo conjunto de obligaciones que transformará cómo las organizaciones usan la inteligencia artificial. La regulación exige identificar dónde está presente la IA, supervisar su funcionamiento y garantizar que sus decisiones puedan explicarse.

La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cotidiana en miles de organizaciones, presente en procesos de selección, atención al cliente, análisis de datos, automatización o ciberseguridad. Con la entrada en vigor de una nueva fase del AI Act, Europa da un paso decisivo para que ese uso vaya acompañado de transparencia, trazabilidad y supervisión humana. Aunque las obligaciones más estrictas para los sistemas de alto riesgo se desplegarán hasta 2027, la adaptación ya no puede limitarse al cumplimiento documental, sino que exige comprender cómo funciona la tecnología y cómo influye en las decisiones del negocio.

 

Cuatro claves para adaptarse a la nueva etapa regulatoria

La adaptación al AI Act requiere una estrategia que va más allá de la normativa y que afecta a la cultura organizativa. Entre las prioridades Founderz destaca cuatro elementos:

1.     Identificar dónde está presente la IA. La adopción de herramientas inteligentes se ha producido en muchos casos de forma espontánea. Antes de definir políticas, las organizaciones deben mapear qué sistemas utilizan IA y cómo influyen en los procesos internos.

2.     Impulsar la alfabetización en inteligencia artificial.  La regulación exige que los profesionales comprendan las capacidades, limitaciones y riesgos de los sistemas que utilizan. No se trata solo de aprender a manejar una herramienta, sino de entender su lógica y sus implicaciones.

3.     Establecer políticas internas claras.  Las organizaciones deberán definir criterios compartidos sobre qué información puede introducirse en sistemas de IA, cuándo debe existir supervisión humana y cómo se gestionan los riesgos asociados a la automatización.

4.     Ver el cumplimiento como una oportunidad.  El AI Act no es solo una obligación regulatoria. También permite revisar procesos, desarrollar nuevas capacidades y construir organizaciones más preparadas para un entorno tecnológico en constante evolución.

La regulación tendrá un impacto especialmente significativo en los sistemas que apoyan decisiones sobre contratación, promoción, formación o desarrollo profesional. Al tratarse de procesos que afectan directamente a las personas, se exigirán mayores niveles de transparencia, explicabilidad y supervisión humana. La IA deberá complementar el criterio humano, no sustituirlo, y las organizaciones tendrán que demostrar que las decisiones automatizadas se toman con responsabilidad y contexto.