La revolución de la robótica social frente a la soledad no deseada

  • Opinión
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La combinación de robótica, IA y tecnologías conversacionales abre nuevas vías para acompañar a las personas mayores, favorecer su autonomía y detectar situaciones de riesgo, en un contexto marcado por el envejecimiento de la población y la necesidad de modelos de cuidado más sostenibles.

Por Isidro Fernández, Director del Grado en Robótica Centrada en las Personas de UDIT. CEO de Bumerania Robotics

 

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), más de dos millones de personas mayores de 65 años viven solas en España. Diversos estudios sobre envejecimiento y bienestar advierten además de que una parte significativa de ellas experimenta sentimientos frecuentes de aislamiento y soledad no deseada. Hablamos de un fenómeno social de enorme impacto que, tal y como vienen señalando organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), puede tener consecuencias directas sobre la salud física y mental, favoreciendo situaciones de depresión, deterioro cognitivo o enfermedades cardiovasculares.

Su dimensión es aún mayor si se tiene en cuenta el envejecimiento acelerado de la población europea o la creciente dificultad para garantizar suficientes profesionales dedicados a los cuidados y la atención de ancianos. A ello se suma un ritmo de vida que, en muchas ocasiones, fragmenta las redes familiares y reduce el tiempo disponible para el acompañamiento cotidiano.

En este terreno, la robótica asistencial comienza a perfilarse como una herramienta complementaria de apoyo. Hablamos de una tecnología que no nace con el objetivo de sustituir el afecto o el vínculo humano, sino de contribuir a reducir situaciones de aislamiento extremo y mejorar la autonomía diaria de sus usuarios.

 

De la fábrica al cuidado de las personas

Durante décadas, la robótica ha estado asociada casi exclusivamente a la automatización industrial. Hoy, sin embargo, las máquinas comienzan a instalarse también en hospitales, centros asistenciales, comercios y otros espacios. Los datos más recientes de la International Federation of Robotics (IFR) muestran de hecho un crecimiento sostenido de los llamados robots de servicio, una categoría que incluye desde sistemas logísticos y sanitarios hasta dispositivos autónomos de uso doméstico.

En este sentido, merece la pena destacar que estamos asistiendo, casi en tiempo real, al nacimiento de una nueva etapa tecnológica marcada por el desarrollo de la llamada robótica social, diseñada específicamente para interactuar con personas. Junto a los avances registrados en ámbitos como la ingeniería, la sensórica o la Inteligencia Artificial, el desarrollo de esta nueva generación de robots responde también a la necesidad de afrontar fenómenos sociales cada vez más complejos, entre ellos la soledad no deseada.

Experiencias recientes como el Proyecto LAR impulsado por Cruz Roja, demuestran el interés creciente que despierta este tipo de tecnología en entornos comunitarios. Las pruebas realizadas con personas mayores, tanto en zonas urbanas como rurales, reflejan niveles de aceptación y satisfacción muy elevados, desmontando además muchos de los prejuicios existentes acerca de una supuesta tecnofobia generalizada en la tercera edad.

Proyectos piloto basados en IA conversacional desarrollados en ciudades como Madrid muestran cómo sistemas capaces de mantener conversaciones cada vez más naturales pueden ayudar a detectar patrones de riesgo y activar con rapidez recursos asistenciales y municipales.

Dispositivos como Doña Paquita, un robot diseñado por la empresa española Bumerania Robotics, ha probado su eficacia en residencias de ancianos gracias a su cercanía emocional, mientras integra funciones de apoyo asistencial como la monitorización de constantes vitales, la detección de caídas o la emisión automática de alertas ante posibles emergencias.

 

El robot asistencial

La clave tecnológica de este salto reside en la evolución hacia sistemas capaces de interpretar señales asociadas al estado emocional de las personas mediante el análisis del lenguaje, la voz o determinados patrones de comportamiento. En este sentido, los también conocidos como robots de acompañamiento incorporan algoritmos diseñados para adaptar la interacción a las necesidades de cada usuario.

Hablamos de tecnologías capaces de recordar pautas de medicación, proponer ejercicios personalizados de estimulación cognitiva, fomentar rutinas saludables o detectar anomalías en el hogar. Países como Japón, convertidos desde hace años en referencia internacional en robótica asistencial debido al envejecimiento de sus habitantes, llevan tiempo explorando este tipo de soluciones.

También es cierto, sin embargo, que la evolución de estas tecnologías plantea nuevos desafíos éticos. Cómo se gestiona la privacidad de los usuarios, el riesgo de generar dependencia emocional o la tentación de utilizar futuros robots como sustituto de la atención humana abren debates que deberán abordarse con responsabilidad.

Por último, también merece la pena llamar la atención sobre el hecho de que esta confluencia entre ingeniería, Inteligencia Artificial y salud ya está impactando en el mercado laboral. El diseño de tecnologías destinadas a convivir con personas vulnerables ya no puede abordarse únicamente desde una perspectiva técnica. Las empresas ya no demandan exclusivamente ingenieros orientados a la producción industrial, sino perfiles híbridos capaces de comprender tanto el funcionamiento técnico de un sistema robótico como las necesidades emocionales y sociales de las personas a las que asiste.

En este sentido, la revolución robótica de los próximos años probablemente no se medirá únicamente por su capacidad para reducir costes o aumentar la productividad, sino también por su impacto en la calidad de vida de millones de personas.