La inteligencia artificial avanza, pero el valor no llega a las empresas europeas
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Aunque la IA ya está presente en casi cuatro de cada diez procesos diarios y el 92% de los empleados afirma que su trabajo se vería afectado sin ella, la mayoría de las organizaciones sigue sin obtener un retorno claro. La confianza, las directrices y la integración en los flujos de trabajo limitan el impacto real de la IA.
La investigación People & AI 2026, elaborada por Eraneos, concluye que la inteligencia artificial se ha extendido ampliamente, pero su valor transformador sigue sin materializarse. Aunque el 39% de los procesos diarios ya incorporan IA y el 92% de los empleados reconoce que su trabajo se vería afectado sin estas herramientas, solo una de cada cuatro organizaciones detecta un impacto significativo en tres o más áreas de valor, y apenas el 7% lo observa de forma transversal.
El estudio identifica una brecha estructural entre la visión optimista de los directivos C-Level y la experiencia real de los equipos operativos. Los altos cargos valoran de forma positiva ámbitos como la claridad de las directrices, la responsabilidad o la confianza en la IA con una probabilidad hasta 2,3 veces superior a la de los usuarios expertos. Esta desconexión afecta directamente al rendimiento, ya que el 74% de los encuestados descarta al menos el 40% de las recomendaciones generadas por la IA, una cifra que se reduce drásticamente en las organizaciones con directrices claras o altos niveles de confianza.
Una transformación incompleta
El estudio también revela que la adopción, por sí sola, no genera valor. Los sectores con mayor uso de IA no son necesariamente los que obtienen mejores resultados. La clave está en el diseño operativo, desde el gobierno y la definición de roles hasta la integración de capacidades en el trabajo diario.
Los programas de formación aislada muestran los peores niveles de confianza, mientras que los modelos que integran la IA en los flujos de trabajo triplican la confianza de los empleados. Según el informe, la mayoría de las organizaciones europeas han implementado IA sin rediseñar sus procesos, sin un gobierno adecuado y sin una estructura clara de responsabilidades, lo que explica por qué la tecnología avanza más rápido que la capacidad de las empresas para convertirla en valor real.