La inteligencia artificial es una prioridad estratégica para la industria energética

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Energía eléctrica

Aunque el 68% de los directivos prevé un impacto sustancial en los próximos cinco a diez años, solo una de cada cinco empresas energéticas ha conseguido escalar la IA con éxito. La falta de conexión con el valor de negocio emerge como el principal freno. Petróleo y gas y química lideran la adopción práctica.

La inteligencia artificial avanza con fuerza en la industria energética y de recursos naturales, pero la mayoría de las compañías sigue atrapada en la fase de experimentación. Según el informe “AI in Energy: From Pilots to Payoff”, elaborado por Bain & Company, solo una de cada cinco empresas ha logrado escalar la IA con resultados medibles.

El 68% de los líderes consultados considera que la IA tendrá un impacto sustancial o transformador en el rendimiento de sus negocios en los próximos cinco a diez años. Sin embargo, menos del 20% afirma haber alcanzado un nivel de madurez que genere efectos tangibles.

 

La principal barrera no es tecnológica

El informe revela una brecha significativa entre expectativas y resultados. Aunque muchas compañías han desplegado pilotos y pruebas de concepto, estos no siempre están vinculados a métricas de impacto.

El 48% de los directivos identifica como principal obstáculo que los proyectos de IA carecen de objetivos definidos o no están conectados con la generación de valor. Esta barrera supera a otros desafíos habituales, incluyendo escasez de talento especializado (45%), problemas de calidad y gobernanza del dato (43%) y limitaciones de infraestructura tecnológica (36%).

“El reto ya no consiste en demostrar que la inteligencia artificial funciona, sino en determinar dónde puede generar un impacto económico relevante y diseñar la estructura organizativa necesaria para capturarlo”, explica Pablo Cornicelli, socio de Bain & Company. “El riesgo es tener mucha actividad en IA pero poco valor real”.

Los sectores más avanzados en el uso de IA son petróleo y gas, y química. En estas industrias, la IA ya está generando mejoras operativas y de eficiencia.

Las áreas funcionales con aplicaciones más maduras son atención al cliente, investigación y desarrollo (I+D) y operaciones y mantenimiento. En mantenimiento, las capacidades predictivas permiten anticipar fallos y reducir tiempos de inactividad; en I+D, la IA acelera el análisis de grandes volúmenes de información; y en atención al cliente, automatiza interacciones y mejora la calidad del servicio.

 

Cuatro claves para pasar de los pilotos a resultados

Bain identifica cuatro recomendaciones para que las empresas puedan escalar la IA con impacto real:

-     Concentrar esfuerzos donde la IA puede generar mayor valor. Priorizar dos o tres áreas con potencial económico y vincularlas desde el inicio a objetivos medibles.

-     Rediseñar procesos y formas de trabajo. Escalar IA implica revisar procesos, no solo incorporar herramientas.

-     Desarrollar capacidades en datos, tecnología y talento. No es necesario resolver todas las carencias antes de avanzar, sino reforzar las áreas prioritarias.

-     Crear un modelo replicable de casos de éxito. Definir responsabilidades, gobernanza y una metodología común para llevar las iniciativas desde su identificación hasta su adopción a escala.

El informe concluye que la industria energética está entrando en una fase decisiva: las compañías ya no buscan demostrar que la IA funciona, sino capturar valor real. Para ello, deberán alinear estrategia, procesos, talento y tecnología, evitando la proliferación de pilotos desconectados del negocio.

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