Las organizaciones aceleran la inversión en IA con foco en el valor a largo plazo

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Tras años marcados por expectativas desmedidas, la inteligencia artificial entra en una fase de madurez. Las empresas priorizan ahora inversiones sostenidas, gobernanza sólida y capacitación del talento para capturar valor real. Estas prevén destinar en 2026 un 5% de su presupuesto anual a iniciativas de IA.

La inteligencia artificial ha dejado atrás la etapa del entusiasmo desbordado para adentrarse en un ciclo de adopción pragmática. Así lo confirma el Instituto de Investigación de Capgemini en su informe “La ventaja de la IA a largo plazo: construyendo la empresa del mañana”, publicado junto con un estudio monográfico sobre la influencia de la IA en la toma de decisiones ejecutivas. Ambos trabajos muestran que las organizaciones están redefiniendo sus prioridades para maximizar el impacto de la IA en un entorno empresarial cada vez más competitivo.

Según la investigación, basada en una encuesta a 1.505 directivos de grandes organizaciones globales, el 38% ya ha desplegado casos de uso de IA generativa y seis de cada diez exploran aplicaciones de IA agéntica. China lidera la adopción, seguida de Estados Unidos y Europa. Dos tercios de los líderes empresariales reconocen que no escalar la IA al ritmo de sus competidores supone un riesgo directo para su ventaja estratégica.

 

Más inversión y nuevas prioridades

Las empresas prevén destinar en 2026 un 5% de su presupuesto anual a iniciativas de IA, frente al 3% del año anterior. Las prioridades se concentran en cuatro áreas clave: Infraestructura, datos, gobernanza y capacitación de la plantilla. Este enfoque busca construir bases sólidas que permitan escalar la IA de forma segura, eficiente y alineada con los objetivos de negocio.

La forma de medir el retorno de la IA está evolucionando. Aunque la eficiencia operativa sigue siendo relevante, las organizaciones amplían sus indicadores hacia el crecimiento de ingresos, la gestión del riesgo y cumplimiento normativo, la gestión del conocimiento y la experiencia y personalización del cliente.

Además, más de la mitad de las empresas prioriza ya la soberanía del dato, garantizando que la información sensible permanezca bajo su control.

Este giro refleja que la IA deja de ser un experimento para convertirse en un pilar estratégico. De hecho, casi dos tercios de las organizaciones han pausado proyectos de bajo impacto para redirigir recursos hacia iniciativas con valor medible y sostenible.

“Hemos entrado en una nueva era de transformación impulsada por la IA, más pragmática y realista, centrada en implementaciones a largo plazo y con impacto transversal”, afirma Pascal Brier, Chief Innovation Officer de Capgemini, para quien el éxito dependerá no solo de la tecnología, sino también de la preparación del liderazgo y de una visión clara sobre cómo la IA debe apoyar la toma de decisiones y la innovación.

 

La IA transforma la toma de decisiones ejecutivas

El informe monográfico “Cómo la IA está transformando silenciosamente las decisiones ejecutivas”, basado en una encuesta a 500 CXO, revela que más de la mitad de los altos directivos ya utiliza la IA para apoyar decisiones estratégicas. Esta adopción se da en tres niveles: uso activo, que se duplicará en los próximos tres años; uso selectivo, y experimentación.

Aunque hoy la IA se emplea sobre todo para tareas operativas —correos, actas, análisis—, los líderes esperan que en tres años su principal función sea reforzar y cuestionar el pensamiento estratégico.

Más de la mitad de los CXO afirma haber reducido tiempos y costes de decisión, además de mejorar su creatividad y capacidad de anticipación. Sin embargo, solo el 41% confía plenamente en la IA para decisiones ejecutivas, citando riesgos legales, de seguridad y reputacionales.

Pese a los avances, muchos líderes siguen siendo cautos. Solo el 11% destaca públicamente el uso de IA en sus decisiones. Entre las razones están el temor a daños reputacionales si una decisión influenciada por IA falla, la incertidumbre sobre cómo perciben clientes y socios el uso de IA, y la dificultad para explicar decisiones complejas generadas con apoyo algorítmico.

La conclusión es clara: la IA avanza, pero la confianza y la transparencia aún deben madurar.