El CSO gana peso estratégico en plena era de la inteligencia artificial

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En un entorno marcado por la incertidumbre y la aceleración tecnológica, los directores de estrategia afrontan más presión, más prioridades y un papel cada vez más decisivo. La inteligencia artificial emerge como el gran catalizador del cambio, aunque su integración estratégica aún es limitada.

La volatilidad económica y la aceleración tecnológica están redefiniendo el papel del director de estrategia (CSO). Según el informe 2026 Global CSO Survey Report de Deloitte, las organizaciones están abandonando los modelos de planificación anual para adoptar una estrategia continua, basada en la revisión constante de prioridades y en capacidades analíticas más avanzadas. Este enfoque permite responder con mayor agilidad a las señales del mercado y transformar la estrategia en acción de forma más efectiva.

El estudio revela una brecha creciente entre las responsabilidades del CSO y su capacidad real de influencia. Más de la mitad de estos directivos afirma gestionar demasiadas prioridades con tiempo limitado, mientras que solo el 35% participa en la co-lideranza de decisiones estratégicas críticas. Esta tensión está desplazando parte de su foco hacia tareas más operativas, reduciendo su margen para anticipar tendencias y orientar la visión corporativa.

La función de estrategia evoluciona hacia un modelo más dinámico, transversal y orientado a impacto. Ya no se trata solo de anticipar el cambio, sino de dotar a las organizaciones de la capacidad para tomar decisiones continuas, rápidas y coherentes. Para Deloitte, este será el rasgo que diferencie a las compañías capaces de prosperar en un entorno incierto.

 

La IA avanza, pero aún no lidera la toma de decisiones

La inteligencia artificial continúa ganando peso en la agenda estratégica, pero su integración en la toma de decisiones corporativas sigue siendo limitada. Solo el 28% de los CSO co-lidera decisiones relacionadas con IA, pese a que su adopción operativa está ya muy extendida. El informe señala que el verdadero salto llegará cuando la IA deje de ser una herramienta táctica y pase a formar parte estructural de la arquitectura de decisión.