El cambio tecnológico más profundo y rápido en la historia... provocado por la IA
- Opinión
Jensen Huang, fundador y CEO de NVIDIA, suele decir que los cambios tecnológicos que vivimos -de tres años a este día- suceden más rápidamente que en ningún período previo de la historia. Huang atribuye estas rápidas transformaciones a la inteligencia artificial y sus efectos, consecuencias y derivados.
Por Jorge Díaz Cardiel, socio director general de Advice Strategic Consultants.
Muchos historiadores de la economía y las tecnologías de la información dirían -lo publicaron en su momento- que la afirmación del CEO de NVIDIA es manida, por exceso de uso: se ha utilizado miles de veces en la historia de la humanidad y, con mucho énfasis desde la aparición de la computación, internet, la movilidad, la digitalización… Lo que dicen Huang y estos historiadores es cierto en ambos casos: en cada momento histórico, con la mentalidad de la época, los “cambios” se interpretaban como “transformaciones profundas que suceden a velocidades inéditas”. Y la afirmación del jefe de NVIDIA, también es verdad: la revolución que estamos viviendo, sucede a una velocidad que supera todo lo previo.
Dos motivos hay para ello: primero, las tecnologías en sí mismas, son inéditas. Segundo, porque las tecnologías de la información y la digitalización (1960-2023) han hecho posible la rapidísima difusión de, por ejemplo, la inteligencia artificial. Como ejemplo, Open AI tiene 900 millones de “clientes”. Usan la versión gratuita de su Chat GPT. La adopción, por cientos de millones de personas en todo el mundo fue posible en un tiempo récord porque la inmensa mayoría de la población, empresas, pymes, autónomos… tienen un ordenador, un teléfono inteligente, una tableta… están conectados por wifi o 5G, acceden o son “adictos” a redes sociales y, en consecuencia, vivimos en la “sociedad de la inmediatez”. Es decir, el campo estaba ya sembrado y Sam Altman solo tuvo que recoger la cosecha. Su siguiente paso, obvio, es que las uvas sean buenas y pueda vender y monetizar un producto que funcione bien y que sea útil a las personas y empresas y a Open AI le permita ganar dinero.
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Sam Altman quiere sacar su empresa a Bolsa con valoraciones estratosféricas. También quiere hacerlo Darío Amodei, fundador y CEO de Anthropic, posiblemente el principal competidor de Open AI. Otro tanto tiene Elon Musk metido entre ceja y ceja, respecto a SpaceX, para este verano, en la que sería la IPO/OPV más cara de toda la historia, rondando los 90 billones de dólares. ¿Por qué SpaceX, si lanza cohetes al cielo que nunca salen de la atmósfera que, además, siempre estallan a poco de despegar? Porque Elon Musk pretende integrar xAI, X (antigua Twitter) y Tesla en un único holding cuyo objeto será la inteligencia artificial.
Las salidas a bolsa de Open AI, Anthropic y Space X son un movimiento corporativo sistémico en los fabricantes de la tecnología de moda: la IA. Sus valoraciones en Bolsa, casi con toda certeza, alcanzarán el billón de dólares: Walmart, la empresa más grande de América por facturación, alcanzó este nivel hace dos meses, por vez primera, en sus más de 60 años de historia.
Además, hay que considerar quiénes están detrás de estas salidas a Bolsa: los inversores. Por un lado, los fondos más importantes del mundo, que no dan puntada sin hilo: Blackstone, KKR, Blackrock, entre otros. Y, como ya hemos comentado muchas veces, la “economía circular”, parecida a los matrimonios consanguíneos de la monarquía de los Austrias, que lleva a que no más de una veintena de empresas tecnológicas punteras, “hyperscalers, BigTech, Seven Magnificent, cía y amigos”, estén detrás de estas operaciones, para garantizar su éxito. Nada que ver con la mentira que nos vendieron con la “burbuja de las punto com”. Alphabet (Google), NVIDIA, Intel, AMD, SoftBank, Oracle, Microsoft, Amazon y muchas más firmas tecnológicas punteras están invirtiendo cantidades ingentes de dinero para que las salidas a bolsa sean exitosas. Y lo serán: imaginemos el ROI, el retorno de la inversión, para todos estos jugadores.
Antes de la puesta de largo en Wall Street, las “startups” están presentando modelos de inteligencia artificial generativa y agentes de inteligencia artificial que conmocionan al mercado. Son tan disruptivos que un día ponen patas arriba al sector de software de gestión empresarial y, otro, el de la computación; pasado mañana los chips y semiconductores y, como acaba de hacer Anthropic con su agente de IA para el sector financiero, ha dejado a los bancos norteamericanos temblando de miedo. “Claude Mythos” de Anthropic y Chat GPT 5.5 de Open AI pueden hacer lo mismo que un trader de un gran banco. Muchos puestos de trabajo podrían correr peligro.
De hecho, las fuertes inversiones de las grandes empresas tecnológicas y de las empresas sistémicas de otros sectores que compran productos de inteligencia artificial, llevan a sus CEO a la siguiente disyuntiva: bien despidos masivos para ahorrar costes, bien hacer trabajar más a los empleados, cobrando lo mismo. A medio plazo, el resultado será el mismo… Mientras, la gran mayoría de empresas optan por miles de despidos.
Al albur de la inteligencia artificial, hay ámbitos tecnológicos que se benefician del tirón de la demanda de sus productos. Los fabricantes de GPU (NVIDIA) y de CPU y microprocesadores (AMD, Intel, Qualcomm, Samsung Electronics), servidores (Super Micro Computers) están aumentando fuertemente su negocio, tanto en facturación como en beneficio. En el caso de AMD, el negocio de data centers le ha crecido un 57% en el primer trimestre de 2026.
La defensa, la seguridad nacional de Estados Unidos, vuelve a afectar a las empresas tecnológicas de manera parecida a como lo hizo en la Guerra Fría. Algunas empresas de software, como Palantir, con muchos y fuertes contratos con la administración Trump, colabora estrechamente con el Pentágono. Y no está exenta de polémica porque su CEO, Alex Karp, “predica el fin del mundo” con la misma alegría con la que “se suelta el pelo”, asustando a media humanidad, porque no vende plátanos en el desierto, sino herramientas letales a la industria militar. Google, Microsoft y xAI han cedido a las presiones del gobierno americano y, antes de lanzar agentes o chatbots de IA, los expondrán primero a las autoridades estadounidenses, por razones de seguridad nacional.
Nadie sabe qué pasará en el futuro. Un servidor desea que, como los “palantir” del señor de los anillos, que permiten ver el futuro (en la película), no se cumplan las previsiones de mal de ojo universal que predica Alex Karp. Tampoco las de su socio cofundador, Peter Thiel, que augura la llegada del anticristo y afirma que es la inteligencia artificial. Si tan convencidos están de que “esto” es lo que nos espera, es incomprensible que sigan adelante con sus planes. Y, peor aun, que los poderosos de este mundo no hagan nada para evitarlo.
La tentación de pensar que vivimos en “Matrix” es demasiado grande. Y, además, hay que pagar la hipoteca…